Perú logró un triunfo vital ante Ecuador en la altura de Quito, un triunfo que nos mantiene vivos y que nos permite seguir soñando. Algo similar ocurrió en la Eliminatoria pasada: el punto de quiebre se dio allá, por el 2017. La Selección Peruana ganó por primera vez en Quito en aquella ocasión y se encaminó hacia lo que sería su histórica clasificación a Rusia 2018. Y es que la ‘bicolor’ tiene eso, se levanta cuando nadie confía.
Recuerdo que yo tenía 20 años cuando logramos ese histórico triunfo. Perú llegaba mal en la tabla a disputar el encuentro ante Ecuador en Quito, y recuerdo que mi padre me dijo “ya estamos eliminados”, a lo que yo respondí: “confía, viejito”. Yo tenía la certeza de que, luego de esta victoria, la selección iba a empezar a ganar todos sus partidos de local y que saldría a buscar empates de visita. Yo tenía la certeza de que a mis casi 21 años vería a Perú jugar un mundial, que vería a Paolo Guerrero vestir la cinta de capitán ante los mejores del mundo. Fue una locura cuando ganamos en Ecuador. A partir de ese momento, cuando nadie creía, nos levantamos. Cómo olvidar las hermosas narraciones de Daniel Peredo: ¡Era hoy, Ramón! ¡Gloria a Perú en las alturas! Cuánta falta nos haces, ‘cabezón’.
El pasado martes, grité los goles de Perú como si hubiésemos ganado la Copa del Mundo. No recuerdo haberme emocionado tanto por un triunfo de la selección. Incluso, se me hizo un nudo en la garganta cuando a Pedro Gallese no le importó correr el riesgo de lesionarse con tal de sacar con la mano lo que era el descuento del rival. Recuerdo que el martes me abracé con mi padre tras el gol de Advíncula y salimos a gritar al balcón el segundo tanto de Perú. Las calles estaban prácticamente en silencio.
Este último partido de la Selección Peruana significa un punto de quiebre, un cambio en la actitud del equipo. Perú siempre se levanta en sus peores momentos, y a nosotros solo nos queda confiar, apoyar en las buenas, pero más en las malas. Somos peruanos, seámoslo siempre.