Una de las libertades más trascendentes del ser humano es la libertad de expresión, comunicación, decir lo que siente la persona dentro de su interior, para romper las ataduras que perturban la mente y los hace esclavo de los pensamientos no resueltos en su momento oportuno por falta de oportunidades, de poder conversar con alguien, que tenga la capacidad de recibir el mensaje, asimilarlo, procesarlo y resolverlo, en beneficio del emisor.
El presente trazado no se refiere al condicionamiento de naturaleza económica, política, social, que en algunas circunstancias restringen la libertad de expresarse, si nos vamos a abocar cómo la mente humana guarda silencio frente a las experiencias vividas que han dejado huella en la existencia humana, que, por diferentes razones no se evocan, guardándose en el subconsciente del sujeto, que se exterioriza a la motivación, al conflicto que aparece en forma espontánea y moviliza al ser humano.
El celo, la competencia, muchas veces genera rivalidades entre las personas por motivos personales, laborales y la persona no está preparada para admitir que existe seres humanos que son más competentes que otros, que debería ser motivo de mejor esfuerzo, sucede lo contrario, la persona se enoja, se resiente, formando una estela de envidia, hasta que lo conversa, lo expresa, buscando ser mejor y no quedarse anclado en la frustración sino en la búsqueda del éxito.
Los adictos al trabajo, drogas, alcohol, sexo, ludopatía, anidan un inmenso vacío interior, que lo maquillan con estas actividades que afecta, física, psicológica y espiritual, que cuando abren su corazón reconocen que no son felices y sienten la necesidad de cambiar para encontrar paz interior, consigo mismo, sus seres queridos y las personas con quienes se relacionan. A partir de este reconocimiento, aceptación de ser personas distintas, es el principio de un buen final para la restauración.
Las penas quedan marcadas en el corazón para toda la vida, lo que sucede es que las personas aprenden a manejarlas, encauzarlas, canalizarlas, como es el fallecimiento de un ser querido en forma intempestiva, donde los seres humanos no se despidieron, no realizaron trabajo de duelo, después de un estrés post traumático, empero con el transcurso del tiempo trabajaron el duelo hasta lograr obtener las herramientas necesarias para seguir viviendo con resignación en unión de la familia cosechando lo que se ha sembrado en el desarrollo de la convivencia.
Una pareja de esposos, en el desarrollo de su vida marital, se detecta que la esposa no podía llegar al orgasmo, es decir, existía una impotencia cohen di, no generan di, que trajo como consecuencia que la relación de pareja se convirtiera en disfuncional. Al realizarse la consulta, la esposa rompe en llanto comunicando al terapeuta que en su adolescencia había sido agredida sexualmente, sintiendo rechazo al momento de la cópula sexual, culpable por algo que no tuvo responsabilidad, esta incidencia nunca lo expresó, se la guardó, perturbando su mente y su relación con su pareja, el hablar, explicar la forma y circunstancia como se produjeron los hechos, liberó en su mente esta experiencia negativa y pudo restaurar la relación con su esposo, hijos y nietos.
“El saber con quién hablar es la llave para superar las interrogantes que permanecen estáticas, en la vida interior de los seres humanos”.

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