Confianza

Confianza

La confianza mueve al mundo. El miedo lo detiene. Si mentir fuera la regla, tendríamos que elaborar más normas que nos protejan. Las leyes civiles y la Constitución nacen del miedo a ser traicionados por nuestros pares o aplastados por el poder.

El Derecho no existiría en un universo angélico. La confianza permite que construyamos un segundo piso de la casa a sabiendas que el gobierno no nos va a confiscar o a contratar sabiendo que nos van a cumplir.

La confianza tiene diversos efectos. Mantiene los indicadores estables. La desconfianza altera, sube el dólar, ahuyenta capitales y encarece las mercancías, trae pobreza. Cuando el ex presidente Alan García en los 80 emitía billetes, los precios subían. Cuando el presidente Pedro Castillo emite palabras, los precios suben. Diferentes factores, los mismos resultados.

La confianza induce a que te cases creyéndolo contra las estadísticas. La confianza anima a los empresarios a invertir. Sin un ripio de confianza de los financistas, los inventos hubieran muerto con quienes los fabricaron en su mente.

La confianza abre puertas. Quizás haya oído del efecto Pigmalión, aquel que, buscando en vano a la mujer perfecta, esculpió la que imaginaba, tan precisa que se enamoró de ella al punto de darle vida. El efecto Pigmalión es el fenómeno por el cual “hacer creer a alguien, con verdad o sin ella, sobre una cualidad propia, lo lleva efectivamente a desarrollarla”. Decir a un niño con bajas notas que es un genio, lo convertirá en el primero de su clase. Aplíquelo a todo porque la confianza es el inicio y fin de todas las cosas.

La confianza permite que lea esta columna en su casa sin un palo en la mano, sabiendo que nadie penetrará su sala para robarle o allanarlo. La confianza permite que se endeude con el computador o el celular desde donde la lee.

¿Qué traiciona la confianza? La mentira y la amenaza. La traiciona también la falta de definición. ¿Podría usted, señora, seguir con quien le jura no beber una copa más mientras resopla en su cara para volverlo a hacer? ¿Y usted con quien cambia de humor un día y otro? ¿Confiaría en quien un día hace una afirmación para contradecirse mañana? No se confía en un enigma, tampoco en quien no se reserva… al precio de la infidencia. No se confía en la veleta ni en el viento… y no hay futuro sin confianza.

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