El diccionario de la Real Academia Española define a la confianza como “esperanza firme que se tiene por algo o alguien”. Para el derecho parlamentario se interpreta como el mecanismo que tiene un Congreso para expresar su conformidad con la política general que un gobierno está por ejecutar.

A la luz de los acontecimientos de la semana pasada era claro que, ante un proceso de interpelación y posible censura del ministro de Educación, un voto de confianza al gabinete saliente hubiera sido interpretado como una contradicción del Parlamento porque hubiera surgido la pregunta ¿cómo puede el Congreso darle confianza al gabinete si dentro de él se encuentra un ministro en proceso de interpelación y probable censura?

Es por ello que el presidente del Congreso en una usual coordinación hace bien en anticiparle al presidente del Consejo de Ministros el sentir del Legislativo y que sería conveniente que el ministro interpelado no forme parte del nuevo gabinete. ¿Chantaje? No, eso es política que se funda en los procesos de negociaciones para llegar a acuerdos comunes los que al no conseguirse dentro de una democracia concluye con el voto de una mayoría.

Luego de la negación del voto de confianza, algunos miembros del Congreso cambian el mensaje diciendo que el problema no fue el ministro de Educación, sino que el ex premier expuso un plan de gobierno para cinco años cuando el gobierno termina en uno. En respuesta el nuevo premier adelanta que su plan de gobierno se limitará a la lucha contra el Covid-19 y asumiendo que el ministro de Educación no será impedimento para conseguir la confianza acuerda con el Congreso que su presentación será el martes 11.

Por otro lado, la sesión de interpelación para el ministro de Educación se realizará el jueves 13, lo que me hace suponer que se le otorgará la confianza al gabinete y que el ministro será censurado luego de contestar el pliego interpelatorio.

La pregunta es ¿qué origina la salida del señor Cateriano? a.- El ministro de Educación b.- La exposición del señor Cateriano ante el Congreso y c) ninguna de las anteriores. Yo creo que la c) porque a) fue el pretexto y b) fue la justificación y en la realidad la respuesta es que la sola presencia del señor Cateriano no generó confianza al Congreso que la Real Academia Española nos define. La confianza es pura y dura, y alguien no se dio cuenta.