Luego de la declaración del presidente Vizcarra de que “de nada valdría tener la vacuna si no se puede aplicar”, al anunciar un proyecto de ley que presto enviaría al Congreso, el buen proyecto de ley del Frepap sobre acceso a los medicamentos contra el Covid 19, se convirtió en el siniestro proyecto sustitutorio de la vacunación obligatoria, bajo el engañoso postulado de: “vacunación gratuita, universal y obligatoria para todos los habitantes del país”.

Existen congresistas que ingenuamente creen que lo de “obligatoria” se refiere a que el Estado está obligado a proveer la vacuna, pero no, estimados congresistas, se refiere a que ustedes, sus familias y todos los modestos habitantes de este golpeado país que representan, nos tendremos que poner la vacuna genocida de Bill Gates enviada a través de laboratorios diversos que fungen de independientes científicamente.

Lo de obligatoria, además le dará facultades al Ejecutivo para que invente normas legales coercitivas de menor rango, para obligarnos a todos a ir al matadero o a las cámaras de conversión en seres raros mutados por ADN transgénico, por la inocente aplicación de una inyección de una vacuna que sólo sus promotores genocidas saben lo que hará con la humanidad.

Estas medidas de coerción serán las anunciadas prohibiciones para ejercer derechos civiles, si no se cuenta con el holograma de haber sido vacunado, con lo cual, los que se nieguen a vacunarse no podrán compra ni vender, trabajar, ni realizar ninguna operación comercial o civil.

La plandemia del Covid 19, el arresto domiciliario de todos los ciudadanos bajo falsa cuarentena, las restricciones a los derechos humanos fundamentales, la quiebra intencional de empresas y de la economía, el desempleo masivo, sí pues, tenían un objetivo: quebrar moralmente a las naciones para que acepten la vacuna genocida y encima paguen con sus impuestos por su exterminio, bajo el engaño de volver a la normalidad.

Los congresistas no podrá invocar ignorancia de la aprobación de una ley que obligue a esta vacunación, pues serán cómplices del genocidio que la está usando, vulnerando derechos fundamentales a la integridad, a la salud, a la vida y a expresar el consentimiento informado de toda medicación o tratamiento médico, que garantizan la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos, nuestra Constitución y demás tratados internacionales, que establecen como parámetro de toda práctica médica: el respeto a todos los derechos humanos.