El presidente Vizcarra ha creado un estilo de gobierno donde nadie es responsable de sus actos. La culpa de la cadena de barbaridades que se han dado a lo largo de estos dos años y cuatro meses de malhadada gestión es de la oposición; o de la ciudadanía. Pero jamás del presidente o sus ministros. Esa estrategia totalitaria –por la intolerancia y soberbia que exhibe– nos ha llevado al colapso socioeconómico, en plena pandemia. La democracia ha sido sustituida por una autocracia ideada por la progresía marxista, institucionalizada por un grupo de gente incompetente para gobernar cualquier nación –la administración Vizcarra– cuya mediocridad les motiva a considerarse políticos, sin tener la más ínfima formación ni mucho menos condiciones para serlo. Recordemos sino lo que afirman los especialistas: “la estupidez es la forma de ser más dañina. Incluso peor que la maldad”.
Hablemos del ministro Martín Benavides.

La semana pasada, apenas reinstalado en el cargo, anulaba la compra que hizo meses atrás de un millón de tablets para que los escolares en pobreza reciban instrucción virtual en sus domicilios. Compra respaldada por el presidente Vizcarra, quien la calificó como un gran logro de gestión. El ministro Benavides –a nombre del Estado peruano– formalizó esa millonaria orden de compra, ¡adjudicándosela a una micro compañía local! Precisemos. Siendo el comprador nada menos que el Estado peruano, lo que debió hacerse fue negociar directamente con los fabricantes (Hewlett Packard, Lenovo, etc.). ¡No con una pequeña empresa local! ¿Por qué lo hizo así? Ese es el detalle. Un gato encerrado que sigue siendo gran incógnita. Aunque el ministro insista en decir “yo no soy culpable de semejante fiasco. ¡La culpa es del proveedor!”. Pero, por favor, ¿quién ha escogido al proveedor? ¡El ministerio a su cargo! No endose pues su entuerto a terceros, por más que Vizcarra se lo ordene. ¡Usted es responsable de frustrar esta compra del millón de tablets para los alumnos! Adquisición que hiciera para tapar esa necedad de Vizcarra de clausurar cien días el país, frustrando –entre otros gravísimos asuntos– el año escolar. Peor aún. El ministro Benavides cometió otra disparate al disponer que la pérdida de asignaturas –durante tres meses– fuese solventada mediante lecciones virtuales que, vía internet, recibirían los alumnos en sus domicilios. Pero la idiotez que reina en el gobierno no consideró que la mayoría de alumnos pobres carecen de internet en sus hogares. De modo que aquello de las tablets acabó siendo otra gastadera inútil que le cuesta al contribuyente centenares de millones de soles. Al final del día, tras el colapso que ha producido esta gigantesca crisis sanitario/socioeconómica –ensanchándose el bolsón de la miseria nacional– el gobierno prometió proveer gratuitamente de dichos equipos a un millón de escolares. Pero finalmente Benavides canceló tanto la sospechosa compra de tablets como la decisión de sustituir las clases asistenciales por virtuales. ¿Resultado? ¡Los alumnos perderán el año escolar! Benavides debió renunciar. Pero decidió no hacerlo, optando por incitar el alboroto mediático para evitar que el Parlamento –con razón- le retire la confianza.