Congreso parlante, no silente

Congreso parlante, no silente

Conviene recordar que la institución parlamentaria tiene su origen en el siglo XIII, específicamente en el año 1265 en que Simón de Monfort convocó a un amplio grupo de personalidades cuestionando las acciones y arbitrariedades de Enrique III.

Algunos consideran como antecedente del Parlamento a algunos consejos y conciliábulos de la antigua Grecia y Roma, pero eran de acompañamiento al gobernante o para aconsejarlo, mas no para dictar leyes, como tampoco representar a la población ni menos controlar al gobernante y a su omnímoda autoridad, que son las tres funciones que tienen hoy los parlamentos en el mundo.

El término parlamento tiene vinculación etimológica con parlar o parler, que significa hablar, entenderse, e intercambiar opiniones, todo ello para concertar hasta llegar a acuerdos, por lo que no tienen por qué sorprenderse ni menos enfadarse porque en nuestro Congreso se converse entre los parlamentarios, cualquiera que sea la bancada de procedencia y también con terceros.

Lo que debería preocupar es cuando no existe diálogo, pues sin él no puede llegarse a acuerdos ni a concertar sobre la dación de leyes y resoluciones legislativas.

Por algunos medios de prensa nos informamos que existen parlamentarios no dialogantes y que incluso observan con desdén a algunos colegas, quizás porque no tienen los deseables pergaminos para el cargo o su comportamiento no es convencional, pero guste o no, son congresistas que han sido elegidos por el pueblo a través del voto y por ello son parte de un colectivo en que, existiendo diversos puntos de vista, tienen que lograr entenderse.

En el Poder Ejecutivo, el presidente de la República es el que manda y ordena, y con la participación y colaboración de los ministros, es quien gobierna. Si a cualquier ministro alguna decisión presidencial le disgusta, puede apartarse del cargo mediante la renuncia, lo que no puede hacer un congresista en nuestro Legislativo. Mientras los ministros son designados por el presidente de la Nación, los congresistas son elegidos por el pueblo. Como vemos gran diferencia, que nos lleva a confirmar la importancia que existe en el Congreso para establecer acuerdos, consensos y compromisos.

Usualmente en los procesos electorales, los candidatos presidenciales pretenden ser locomotoras de vagones parlamentarios. Es decir que hay por lo general el voto de arrastre y el deseo de hacer ingresar al Parlamento al mayor número de congresistas e, incluso de ser posible, tener un número tan significativo de miembros congresales que no necesiten del voto de otras bancadas, dado que en caso contrario tienen necesariamente que pactar.
Lo ideal es que con mayoría o sin ella, en los parlamentos se llegue a acuerdos, pues la imposición de decisiones genera justificada molestia y ella se refleja por lo general en el resultado de las próximas contiendas electorales.

Se recuerda que el senador Ramiro Prialé expresaba que conversar no es pactar, aunque el senador Mario Polar agregaba que si se pacta es aún mejor. Concordamos con esa última expresión y no tengan temor los parlamentarios de conciliar por el país.

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