Cuando el daño está hecho, cuando ya nada queda sin estropear, cuando el perjuicio al país es irreparable, pero sobre todo cuando el que lo ha destruido todo ya ha dejado de serle útil, fiel a su pérfida entraña El Comercio le tira la puñalada por la espalda a quien hasta hace sólo días consideraba el presidente por excelencia que necesitaba el país. Vizcarra es otra víctima de ese cruce de proboscidio y sanguijuela que es hoy El Comercio. Un espectro de lo que fuera hasta que cayese en manos de gente ominosa.
Veamos lo ocurrido en las últimas dos décadas, para no remontarnos al siglo anterior. El Comercio apoyó el golpe fujimorista que clausuró el Congreso. Después se alejó. Hasta que Blanca Nélida Colán, entonces fiscal de la Nación, sacó los trapitos al aire sobre una multimillonaria evasión fiscal orquestada por El Comercio sobre el mal uso de los dólares MUC. Y luego de trapichear bajo la mesa, la fiscal declaró prescrita la demanda, y la fiesta siguió en paz. Hasta que la pendencia Fujimori-Montesinos llevó al ocaso al ex mandatario. A partir de allí, El Comercio empezó a respaldar a Toledo a quien logró auparlo a la presidencia. Desde entonces este medio se convirtió en una auténtica organización chantajista abocada a hacer grandes “negocios” a base de cobrarle peaje al gobierno toledano. La operación más notable fue la “transferencia” de canal 4. Recordemos que a raíz de un video donde su propietario aparecía recibiendo billetes de Montesinos, ingresó en Indecopi; en aquella ocasión presidido por Almeyda, correveidile de Toledo. Precisamente, esos momentos El Comercio libraba una feroz campaña demandando por mil razones que renuncie Toledo. Inclusive apareció una columna de opinión en portada exigiendo que diese “un paso al costado”. La situación era insostenible para el de Cabana. Cansinamente, El Comercio publicaba encuestas exhibiendo la caída en picada del apoyo presidencial. Sondeos claramente fabricados para lograr el objetivo deseado. Hasta que Toledo sacó bandera blanca y un emisario suyo conversaría con El Comercio. Éste demandaría la transferencia de canal 4 como moneda de cambio para volver a llevar la fiesta en paz. Así fue. Y el mismo día que se hizo el cambalache, El Comercio publicó un editorial alabando nuevamente a Toledo como el mejor presidente de la historia.
Esa misma estrategia la aplicó El Comercio con Vizcarra. La situación económica del citado grupo editorial lo obligó a colocar su batería mediática a órdenes del gobierno. Una táctica tan desesperada como indigna que llevó a El Comercio a confabularse con Vizcarra –en calidad de cómplice de un golpe de Estado- para clausurar el Legislativo, y asimismo a aplaudir la abyecta, antidemocrática, ilícita persecución a los opositores de un régimen democrático devenido en autocracia. Aquello, sumado a un sinnúmero de despotismos, ha terminado volando en pedazos el Estado de Derecho en el Perú.
Hoy que este país está inmerso en una crisis sanitaria-política-socioeconómica y legal -y Vizcarra crecientemente imputado por evidencias de corrupción y mendacidad- El Comercio lo denuncia con su escorpiónica ponzoña.