En el mundo las empresas textiles demandan un alto uso del agua. Ello debido a que sus procesos así lo requieren. Sin embargo, la industria textil hace esfuerzos para que sus acciones sean más sustentables, ello porque enfrenta los crecientes costos de este recurso, las presiones de leyes que intentan proteger al líquido elemento, así como la demanda de otros sectores de la industria y por supuesto el derecho de las poblaciones a contar con agua. En el caso de la industria de la moda, su producción y consumo la coloca en el segundo lugar como la más contaminante.

Es interesante conocer que varias empresas divulgan el verdadero impacto que generan al producir una prenda de vestir. Ello con la finalidad de que el consumidor conozca el grado de impacto ambiental de la prenda que desea comprar, versus otra marca. En España, la empresa Sepiia creó el año pasado una herramienta digital, la que puede indicar cuánta agua se ha utilizado en su producción. Como ejemplo difunden que una de sus camisas consume un 87% menos de agua que otras, produciendo un ahorro de 10 millones de litros de agua desde enero de 2019. Lo interesante de la propuesta es que el cliente puede ver el impacto real de otros procesos de la prenda como el transporte o el empaque.

La empresa Fluence informa y recuerda que la industria textil consume mucha agua en todos sus procesos: dimensionamiento, desencolado, mercerización, limpieza, decoloración, impresión y acabado. Junto a ello, esta industria genera efluentes que podrían tener también contaminantes dañando otros recursos naturales. Al respecto hay que recordar que el tratamiento de los efluentes generados por la fabricación de textiles requiere inmensas cantidades de productos químicos para tratarla, además de altos costos operativos y uso de energía.

Para la empresa española, los consumidores tienen el poder de dirigir la moda hacia una más ética y sostenible. Para ello, hay que fijarse en las etiquetas donde, algún día, las y los peruanos podremos ver allí indicado el grado de impacto ambiental en sus procesos de fabricación, uso y reciclado. Y también si esa prenda puede ser susceptible a tener una segunda vida. En este tiempo de pandemia, las personas han consumido menos prendas de vestir y han ahorrado agua sin proponérselo. Somos todos quienes podemos contribuir, desde la decisión de compra, a tener prendas que quizás duren más tiempo y que contaminen menos o que su producción genere menos CO2 derivado del transporte, si vienen desde muy lejos.

Es importante que el uso y la gestión sostenibles del agua sean parte de todos los procesos industriales, que sean elementos esenciales sin impactar en la salud pública y el medio ambiente.