La pandemia, si bien es cierto, nos ha encerrado, no ha logrado que en nuestros pueblos se sigan celebrando las diversas sanas costumbres, con mucha alegría. A pesar del manto oscuro con que nos envuelve, las personas han encontrado refugio en su interior, en su propio corazón. En eso, la pandemia no nos ha podido vencer.

Con mucha alegría he visto en estas últimas semanas cómo han celebrado nuestros compueblanos en las diversas regiones del país una de las principales festividades: los carnavales. La pandemia no impidió celebrar ello, a pesar de las dificultades. Particularmente, los ayacuchanos hicieron gala de todo un despliegue tecnológico para entregarnos lo mejor de su carnaval en sendas transmisiones virtuales. Pudo más el arraigo a las tradiciones que se conservan desde la época del virreinato. Es difícil, y en estos tiempos con mayor razón, que los pueblos del ande no rindan tributo a la Pachamama por la maduración de los sembríos y la vuelta floreciente a la vida. Por eso hacen todo un despliegue de su creatividad y alegría en sus cantos y bailes para celebrar sus festividades.

Gratamente sorprendido quedé al sintonizar una de las transmisiones virtuales de una de las más representativas instituciones carnavaleras de Ayacucho y fue mayor mi sorpresa al notar el ritmo, picardía, color, elegancia y galantería de cada una de las nuevas composiciones alusivas al carnaval. “Corazón redondo”, composición del poeta Sixto Sarmiento, hace gala del típico peruano enamorador, pero que al final de todo retorna a su amada, la que es la única que en verdad le guarda el verdadero amor. En su melodiosa letra, la canción dice: “Ay mi corazoncito redondo debió de ser/ gire por donde gire/ vaya por donde vaya/ nuevo amor quiere tener/ Pobre mi corazoncito, ay cómo vas a hacer / Solo tu huamanguinita, solo tú me has de querer”. La producción general estuvo a cargo de Sixto Sarmiento; la producción musical, Reyder Rodríguez; y la producción visual, Quenacho Producciones.

La canción nos hace reflexionar. Sin duda, hoy es necesario que amemos y entreguemos nuestro corazón redondo a nuestros hermanos que están sufriendo los golpes de esta pandemia. Es tiempo de hacer gala que tenemos un corazón solidario, un corazón a prueba de los más duros golpes que nos da la vida, pero también es tiempo de que volvamos siempre a amar a la vida misma. Siempre será tiempo de carnaval, pero hoy, hoy, es tiempo de sembrar la vida. Por todo ello, nuestro corazón debe ser el corazón de todos.