Si en algún momento pasó por su cabeza que no habría una foto más dramática que liderar el ranking mundial de países con las peores cifras de contagio y muerte por Covid-19, se equivocó. Una peor foto fue la que protagonizamos este fin de semana, cuando informamos al mundo entero el fallecimiento de 13 peruanos que acudieron a una fiesta ilegal en horario de inmovilización social, y en un local que no tenía licencia de funcionamiento.

La reacción primaria de analistas y líderes de opinión fue buscar culpables. Yo prefiero no utilizar esa palabra. La “culpa” no conduce a explicar lo sucedido. Solo condena. Y lo que necesitamos es proponer soluciones para evitar que situaciones extremas como esta no se repitan. Digamos que muchos fueron los responsables.

¿Fue responsable la Policía? El Operativo BARES, que se desplegó en todo el país, no habría planificado bien su intervención en este local del distrito de Los Olivos. Nunca imaginaron que las 120 personas que incumplían la Ley en el segundo piso de esta discoteca clandestina, decidieran huir todos a la vez por la única salida que existía, asfixiándose entre sí, en un acto que no sabemos cómo calificar: ¿suicidio o asesinato colectivo?

¿Fueron responsables los ciudadanos? Solo el fin de semana, las autoridades calculan más de mil detenciones en fiestas Covid. ¿Acaso no existe conciencia del peligro al que están expuestos? ¿O simplemente no les importa? Tarea para sociólogos y psicólogos clínicos.

¿Fue responsable la Municipalidad? El local intervenido no tenía licencia de funcionamiento y estas actividades están prohibidas por estado de emergencia. Sin embargo, estas se dan y se multiplican en todos lados, a vista y paciencia de los alcaldes distritales en todo el país, que deberían fiscalizarlos y cerrarlos. ¿Por qué no ocurre? ¿Corrupción o desidia?

¿Quiénes son responsables? Afortunadamente, la ministra de la Mujer, Rosario Sasieta, intervino oportunamente. Dispuso investigación de inmediato y puso la puntería en todos los actores involucrados, con el objetivo de que la procuraduría denuncie a los posibles responsables, logrando la captura de varios de ellos.

Hizo bien en mostrar algo de acción gubernamental para cambiar esa percepción de mala gestión y peor comunicación que caracteriza hoy al resto del gabinete. No bastaba –por cierto– con la cólera e indignación expresada por el Presidente. Había que hacer mucho más que eso.