En estos días, pobladores de las regiones más golpeadas por la pandemia, por el Covid-19, manifiestan un dolor profundo e impotencia por no poder hacer algo para ayudar a sus seres queridos, que están luchando, aferrándose a la vida, con las pocas fuerzas que les restan.

Pero ¿por qué en algunas regiones se presentan altos índices de contagio y fallecimientos a diferencia de otras? ¿Por qué se tiende a responsabilizar al gobierno nacional de tan lamentable situación?

En principio, que no existen palabras que puedan sosegar el dolor y sufrimiento inconmensurable que están sintiendo nuestros hermanos peruanos, sabiendo que, a los suyos, en solitario, se les extingue la vida. Ante ello, no hay más que expresar, a cada familia supérstite, que lamentamos tan inmensa e irreparable pérdida.

A la primera interrogante, responderé que la diferencia radica, entre otros factores (todo siempre es multifactorial) por la indolencia, en el desacato a las normas dictadas por el gobierno nacional sobre el Estado de Emergencia y la

Cuarentena Obligatoria. Además, hacer caso omiso de las simples reglas de distanciamiento social, el uso de las mascarillas y de la higiene personal habrían hecho la diferencia. El porqué presentan este comportamiento indisciplinado, es tarea de los científicos sociales, de los antropólogos y sociólogos. Pero que mi contestación es cierta ¡es cierta!

Señores, el gobierno nacional no puede supervigilar a cada uno de los peruanos; cada ciudadano ejerce sus derechos, pero también debe cumplir sus obligaciones; una de ellas era y es el cuidarse, no exponerse ni exponer al resto.

Quijotes, razones y argumentos se expondrán como válidas, por miles hasta el infinito. Pero, en el constructo, en el imaginario de cada uno de nosotros, sabemos lo que hacemos y por qué. Todos, desde pequeños, somos conscientes que la vida no tiene precio… ¿Entonces?

A la segunda interrogante respondo que los responsables de la debacle educacional, de infraestructura sanitaria y hospitalaria, entre otras, son los gobiernos regionales. En todas las regiones, desde hace décadas, se cuenta con grandes recursos dinerarios, pero todo se va en sueldos y salarios, en contratos amañados de obras inservibles que terminarán costando el doble o más y otras nunca se ejecutarán.

Quijotes, que lo ocurrido, durante la pandemia, no pase desapercibido. Ya en algunos medios de comunicación se alzan voces reclamando y responsabilizando a los gobernadores regionales de tan lamentable catástrofe sanitaria, culpándolos también del atraso al que nos han sometido, empeñando nuestro futuro a la pobreza y corrupción. Pero también se escuchan las voces de algunos de estas rastreras sabandijas pretendiendo zafarse de la responsabilidad, escudándose en el trillado argumento del centralismo y abandono de las regiones… ¡Falso!

¡Jubilación Política Ya!