Las marchas y contramarchas de anuncios oficiales fallidos sobre la adquisición de vacunas contra el COVID-19 y su llegada al país, las aterradoras noticias de todos los días con hospitales colapsados, falta de oxígeno y camas UCI, medidas de cuarentena que gran parte de la población no acata, quizás por inadecuadas, evidente falta de autoridad en el liderazgo social y de gobierno para enfrentar esta pandemia, caos en las calles con aglomeraciones en paraderos y otros lugares públicos, ausencia de estrategias nuevas y adecuadas, que no sean las repetitivas de otras que fracasaron en el gobierno anterior, falta de una comunicación horizontal con el pueblo que explique con claridad qué se está haciendo y qué se piensa hacer con esta dura realidad que nos toca vivir, todo ello contribuye a quebrar la salud mental de una población que no da más, que permanece en la incertidumbre y se llena de rumores y noticias falsas, alimentadas por los distintos medios de información, principalmente en las redes sociales.

El virus que nos ha obligado al confinamiento y aislamiento aquí y en el mundo, ha terminado por impactar significativamente en nuestra salud mental, a decir de los expertos. Esta nueva realidad estaría presentando nuevos efectos neuro-psiquiátricos sobre la salud mental que requieren de una pronta y necesaria atención. Corresponde a las autoridades de os sectores pertinentes mirar este caso a profundidad para conocer sus causas y efectos, de modo que se puedan reformular políticas y servicios existentes para cuidar a nuestra población. El coronavirus ha cambiado nuestro estilo de vida y lo seguirá haciendo, sin duda. Nos preguntamos, cada vez con mayor angustia, ¿cuándo terminará todo esto?, ¿cuándo podremos retornar a la rutina de antes?, ¿cuándo podré trabajar sin zozobra?. Ante la falta de respuestas concretas y creíbles, nos sumergirnos en la vaguedad de la angustia y la depresión.

La cuarentena terminará y la inmovilización obligatoria se levantará, lo sabemos, pero no cuando o si retornaremos a ellas, luego que las medidas adoptadas no den los resultados deseados. Todo sigue siendo una incógnita. Es cuando debemos prestar más atención a la salud mental de nuestra población que puede caer en los cuadros clínicos inesperados. Ya el director general del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado-Hideyo Noguchi”, Dr. Humberto Castillo Martell, había señalado que “el impacto del virus se centra en las afectaciones de carácter más emocional, pero también se está observando afectaciones en el campo biológico e incluso en el sistema nervioso de las personas”.

En octubre del año pasado, el Instituto HD-HN, emprendió una investigación en este campo, que ún se halla en proceso, debido, precisamente, a que muchas experiencias de quienes enfermaron por COVID-19, quedaron “con algunas afectaciones emocionales y síntomas neurológicos como delirios, confusión mental y cambios de humor”, según dijo el Dr. Castillo, por lo cual se hacía necesario analizar e investigar “cuáles son los mecanismos responsables de lo que está pasando y cuáles son los cambios que está generando el virus en la salud mental”, especialmente de la población adulta de Lima Metropolitana, universo en el cual se desarrolla la investigación.

Según la Organización Mundial de la Salud cerca de mil millones de personas viven con un trastorno mental, tres millones mueren cada año por el consumo nocivo de alcohol y una persona se suicida cada 40 segundos. La pandemia por el COVID-19 está afectando a más de 200 países y generando una experiencia a nivel global sin precedentes en los últimos 100 años. Si bien los gobiernos del mundo adoptaron medidas urgentes para aminorar el contagio masivo en sus respectivos países, no les fue posible enfrentar con éxito la enorme repercusión que esta pandemia ha tenido sobre la economía de las personas, que, al mismo tiempo, ha podido generar un impacto psicológico directo más intenso en ellas, sobre todo en aquellas que resultaron afectadas por el virus o en sus sobrevivientes. Esta es la cruda y dramática realidad por la que pasamos y a la que debemos enfrentar. Nuestras autoridades tienen la palabra.

Juez Supremo