Hay dos hechos que están pasando inadvertidos y, sin embargo, se hallan en el centro del tema del gas. El primero es que la cuarta parte del gas natural que produce Camisea tiene que reinyectarse en el suelo porque no hay mercado. No hay quién lo compre.

El segundo es que esto fue así desde un principio. Porque no había quien comprara, el Estado peruano le creó artificialmente –cual dios olímpico- un mercado al gas natural en la generación de electricidad.

Hoy, el 40 por ciento de la electricidad del Perú se produce con gas natural. Y, a pesar de eso, hay que reinyectar la cuarta parte del gas natural en el suelo porque no hay mercado suficiente.

Por eso se habla ahora de generar el nuevo mercado de la masificación del gas natural para consumo de los hogares.
Esto, sin embargo, requiere una inversión masiva en ductos y redes de distribución. ¿Quién va a pagarla? El consorcio Camisea se ha adelantado a decir, por si acaso, que esa gigantesca inversión es responsabilidad del Estado y no suya. Este será el telón de fondo de la renegociación del contrato de Camisea.

Cuando el Perú optó por dejar la matriz energética del petróleo decidió pasar al gas natural, pero debió pasar a la energía generada por hidroeléctricas. Y este despropósito ocurrió en un país que tiene en la Cordillera de los Andes un potencial ilimitado de generación de energía hidroeléctrica limpia con la fuerza del agua en lugar de quemar gas contra las prioridades ambientales.

En un acto de megalomanía y omnipotencia, el Estado peruano decidió crear un mercado que no existía para poder colocar lo que había decidido producir. Resolvió generar una oferta y crearle luego una demanda. No facilitó que la oferta respondiera a la demanda, sino que crear por acto de magia una demanda para la oferta que había decidido producir. Cual aprendiz de brujo, se creyó capaz de sustituir al mercado contra las leyes de la naturaleza. Esto por tiempo indefinido, además, hasta que algún día el negocio fuera rentable sin subsidio del Estado. Ese día no ha llegado hasta hoy.

¿Quién ha pagado todo este plan descabellado? Por años la economía peruana ha trasladado ese sobrecosto masivo a los precios finales. Pero eso pasó inadvertido en una economía en crecimiento. Hoy que el crecimiento ha sido dinamitado y la inflación está de regreso, pagamos caro este fracaso monumental.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.