Los dilemas humanos han sido el tema de las grandes historias, no solo por el efecto de reconocimiento que producen en el lector, sino porque su análisis, por parte de escritores y escritoras, podrían ayudar a enfrentarlos y a no sentirse tan solos. Muchas veces, estas historias, logran incomodar a los lectores porque la potencia de sus ficciones sueltan unas cuantas verdades que pocos quieren aceptar. El enfrentamiento con una ley injusta, por ejemplo, ha sido tema de reflexión en grandes novelas que muestran cómo un ciudadano común es diminuto ante el aparato estatal, y del mismo modo, cuando las normas del hombre y la de la naturaleza se enfrentan. Y, por supuesto, el sexo. Lo sexual ha sido y es un tema de inacabable y conmovedor análisis por parte de artistas de diversos rubros. Y esto sucede porque, sí, es un gran dilema humano.

El libro de cuentos Criaturas exquisitas (Ediciones Altazor, 2016), de Antonio Fortunic, enciende esta discusión. Los personajes que protagonizan estas historias pertenecen a ese margen que se observa con el rabillo del ojo, que se discute en voz apenas audible o que se confiesa no con parejas, no con amigos, sino con cómplices. Estas páginas son transitadas por drogadictos, prostitutas, sádicos, masoquistas, adictas al porno, incestuosos y transexuales cuyos desplazamientos sexuales se negocian con la realidad, es decir, con la doble vida; esa decisión tan compleja que reduce la libertad sexual a solo unos momentos, escapes de la incesante presión social que señala lo que debe ser considerado como correcto.

Uno podrá escandalizarse con los relatos de Antonio Fortunic, incluso habrá quienes quieren repelerlo; pero en el fondo, todos o casi, reconocerán que lo que se encuentra en estas páginas son verdades o, y tal vez esto sea peor, fantasías que muchos y muchas quisieran convertir en realidad.

Y es que esto del sexo es una muestra del viejo gran dilema, ese que enfrenta nuestra libertad, nuestro goce con el ser un engranaje aceitado de la sociedad.