No sólo la familia, los valores y los partidos políticos son minados por el globalismo caviar sino también los sindicatos. Es casi una verdad de Perogrullo el comentario acerca de que era preferible verle la cara a los otrora militantes socialistas o comunistas porque ellos sí se identificaban plenamente como tales. Hoy, en cambio, los lobos pueden estar disfrazados de ovejas como ocurre con los caviares y sus hipócritas clisés o sus sofisticados ademanes mediáticos.

Por tanto, es un deber de la sociedad preservar sus históricas instituciones laborales como la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) antes que verlas infiltradas por las argollas caviares que buscan socavarlas para instrumentalizarlas y ponerlas al servicio del nuevo orden mundial, de sus intereses globales corporativos y del control cada vez más descarado de las libertades del ser humano.

De ahí que, al margen de las tendencias políticas o ideológicas naturales que pudieran existir, en esencia se debe revalorar la misión o el compromiso laboral, razón de ser de las centrales sindicales, donde la CTP tiene una trayectoria ganada desde los tiempos de Arturo Sabroso y Julio Cruzado Zavala. La lista de dirigentes puede continuar, pero en la historia reciente ha habido “cetepistas”, como Elías Grijalva, que han sabido resistir a los ataques de gobiernos patronales, a la indiferencia de sectores interesados y a políticos trasnochados que quisieron ver a la CTP, CGTP o la CNT, desaparecer o colapsar, pero no lo lograron.

Esos dirigentes como Grijalva han sabido resistir los embates abolicionistas de los capitostes antilaborales, y hoy la sociedad reclama que los gremios democráticos se mantengan en pie. Actualmente la CTP tiene al frente de la secretaría general a Benigno Chirinos, que es un luchador social de larga trayectoria y exsenador de la República, y que mira en derredor los grandes retos que el presente le plantea a la CTP y a las demás confederaciones sindicales del país.

Uno de esos desafíos es hacer frente a la rapacidad caviar, que no reconoce valores y que no practica democracia porque sólo se mueve con los millones de dólares que les caen en forma de donaciones y con su manipulación mediática. La república y la sociedad tienen sus instituciones y estas deben ser dinámicas, deben formar cuadros y atender las necesidades del frente único de trabajadores manuales e intelectuales, ajustando el quehacer sindical a los nuevos tiempos sin perder lo sustantivo: el sindicalismo libre y democrático.

@RafaelRomeroVas