A partir de la decisión de un hepático gobernante de disolver inconstitucionalmente el Congreso, al que consideraba obstruccionista porque no le gustaba ser fiscalizado, el país navega a la deriva, en medio del caos generado por el pésimo manejo de la crisis, que nos podría hacer naufragar.

El presidente que se hizo popular levantando la bandera anticorrupción, andaba más interesado en las encuestas y en ocultar la verdad, en vez de preocuparse por gobernar con decisión y firmeza, aplicando medidas impopulares, pero necesarias, para enfrentar la crisis sanitaria y económica que sufrimos desde hace más de diez meses. Su falta de liderazgo e incapacidad no le permitieron siquiera intentar dar solución inmediata a las necesidades básicas de los peruanos.

Los últimos diecisiete meses de gobierno han sido tremendamente atípicos. Durante este periodo, a seis meses que termine este mandato, hemos tenido tres presidentes de la República, dos Congresos, seis presidentes del Consejo de Ministros, ocho ministros del Interior y seis ministros de Salud.

Vivimos ahora la triste herencia de la pobre gestión del gobierno de Vizcarra, Los cambios permanentes en los gabinetes parecen haber generado pánico entre los principales funcionarios del Gobierno, que prefieren no tomar decisiones para no ser desautorizados o llegar a ser acusados.

Esta pusilánime postura ha paralizado y entrampado los procesos de compra de las vacunas, que deberían ser la prioridad del Ejecutivo y Legislativo. Vivimos un momento crítico y decisivo en el que necesitamos señales que nos den alguna esperanza de saber cuándo vamos a ser vacunados para disminuir la incertidumbre que se crea en la población de sentirse amenazada por la muerte. Es probable que estemos ante una segunda ola de la pandemia y lo que se percibe es que tenemos un Gobierno indolente que no toma decisiones y su poético presidente no interactúa, al más alto nivel en el mundo, para negociar la compra inmediata de la oferta existente o pedir prestado los saldos de los países vecinos que compraron vacunas más allá de las que necesitaban para su población.

Este Gobierno, que no gobierna y que sus líderes llegaron al poder sin siquiera haberlo soñado, parece estar más enfocado en exacerbar el pánico de la gente. A pesar de que las cifras no lo corroboran, se viene comunicando que ahora son los jóvenes y niños los que más se contagian. También vemos frecuentes reportajes de múltiples casos de reinfección del covid-19. ¿Qué pretenden? ¿Están preparando el escenario para volvernos a poner en cuarentena?

¿La decisión tiene algo que ver con su intención de postergar las elecciones? La economía de los peruanos y de las empresas no resistirán otra vez sin producir ingresos. ¿Nos quieren ver morir o hacernos dependientes del dinero del Gobierno?

LUIS OTOYA TRELLES