A los cuatro gobernantes que han defraudado al país durante esta última década les importa un ápice que les recriminen por sus delitos. Crímenes que suman millones de dólares hurtados mediante comisiones ilícitas, cobradas a contratistas corruptos previa aprobación de proyectos suyos –con presupuestos sobrevalorados– para realizar obras innecesarias para el Estado. Iniciativas cuyas prioridades, cuando menos, estuvieron muy por debajo de requerimientos presupuestales urgentes para la Salud, Educación y Seguridad. Es más, a esos canallas –hablamos fundamentalmente de Toledo, Humala y PPK/Vizcarra– ni les molesta que les enrostren haber quemado cerca de US$ 38,000 millones en unas infraestructuras, repetimos, innecesarias, superfluas y manchadas de corrupción. Así tenemos a Toledo, quien decidiese construir un conjunto de carreteras interoceánicas de interés únicamente para Brasil, pensando (porque el gigante vecino sigue “pensando”) en utilizarlas fundamentalmente para exportar por el mar Pacífico su producción de soya, en un operativo geopolítico que nada nos beneficia. Se birlaron en ello muchos miles de millones de dólares. Además de centenares de millones de dólares que año a año paga nuestro Estado a la corruptora Odebrecht por concepto de “mantenimiento” de aquella carretera por la cual apenas circulan 50 vehículos diarios, sobre un pavimento que costó US$ 7,500 millones.

Algo semejante ocurriría con el otro imputado por corrupción, Ollanta Humala, quien intenta regresar a la presidencia para el famoso borrón y cuenta nueva de sus megadelitos y, encima, para robarle otra vez al país. A Humala le entran por una oreja y salen por la otra las críticas por aprobar obras que sumaron US$ 15,000 millones, cuyo costo real fue probablemente la mitad. La diferencia fue compartida con sus “contratistas”. ¡Y encima, aspira a repetir el plato presidencial! Paralelamente, PPK/Vizcarra miran al infinito cuando se les demanda que respondan por qué ejecutaron los sobrevalorados proyectos de Humala, sabiendo que cargaban enorme corrupción. Igual quiere hacer ese otro corrompido y cínico –también imputado por podredumbre– Vizcarra, quien aspira a ganarse una curul congresal para conseguir la inmunidad que le auxilie de sus crímenes perpetrados desde que fuera gobernador moqueguano. En ese caso, la sinvergüencería es sideral. Porque mientras este sujeto ocupara la presidencia de manera accidental, improvisada y delincuencial, se dedicó a despotricar contra los legisladores enrostrándoles que ejercían el cargo solo para beneficiarse, abusando de la inmunidad que concede el puesto ante todo delito que hubiere cometido.

Vizcarra dio un golpe cerrando el Congreso, denigrando de manera delincuencial a la institución y a los congresistas, blandiendo el tema de la inmunidad de la cual, constitucionalmente, gozan. Sin embargo, este individuo desdice hoy su monserga corrosiva contra el Congreso al decir que “está pensando” lanzarse como postulante al Congreso. De hacerlo, procuraría usar la inmunidad como escudo por sus crímenes de corrupción frente al poder Judicial. A esto nos referimos cuando calificamos no solamente de corruptos sino cínicos y sinvergüenzas a este cuarteto de aprovechadores, que tuvieron la oportunidad de gobernar el país en beneficio de las multitudes. No en provecho propio y en el sus asociados contratistas, como acabaron haciéndolo. ¡Banda de facinerosos!