A propósito del escándalo Vacunagate que ha reventado en el Perú, en el que están involucrados altos funcionarios públicos y personas representativas del sector privado, recordé que en una entrevista sobre empresas y cumplimiento normativo el periodista Rubén Trujillo mencionó el término “cuchipandeada” para señalar que “buscan a ese tipo de personas que no van a tener escrúpulos en aceptar cualquier cuchipandeada, buscan ese tipo de personas”.
Mediante esta historia ficticia trataremos de describir el perfil para cuchipandear:

“Enrique contaba que cuando las empresas eran estatales tenían poder para hacer y deshacer. Era muy ventajoso trabajar en una empresa monopólica, pues cuando iban a un restaurante y se sentían maltratados llamaban para que les corten el teléfono, el agua o la electricidad.

Esas prácticas quedaron en la memoria de algunos. Patricia narraba que, una vez tuvo que asistir a una reunión de trabajo en un hotel en el que era obligatorio usar una pulsera para tener acceso a todo de manera gratuita.

Entre los asistentes hubo uno que se rehusó a cumplir con las reglas del hotel, y que ante el pedido de un trabajador para que le muestre su pulsera se puso agresivo. Según lo narrado por Patricia, llegó un momento que sintió vergüenza ajena, pues otros huéspedes escucharon amenazas tales como “soy fulanito de tal y a mí no voy a usar pulseritas, y si me vas a aplicar tus reglas hago que todos los que están aquí conmigo se retiren inmediatamente”. Como el trabajador ni el administrador podían hacer una excepción a su procedimiento, se hizo efectiva la amenaza.

Por ahí nunca faltan los sobones que lo aplaudieron, se sumaron en el maltrato hacia el trabajador del hotel e incluso una de las más sobonas dijo: “esto no se puede quedar así, hay que pedir que los dejen sin electricidad y agua”. En ese instante sus compañeros le hicieron recapacitar, señalándole que eso no se podía hacer porque era actuar abusivamente; sin embargo, como había que vengarse de alguna manera por la “insolencia” del trabajador, optaron por retrasarle por más de seis meses el pago de la factura por el uso de las instalaciones y por los consumos efectuados durante la corta permanencia”.

Ahora, cabe preguntarse si los personajes de esta historia se prestarían a hacer cuchipandeadas como las del Vacunagate.

Rosa Elena Heredia Mendoza