Cuestión de confianza con maña

Cuestión de confianza con maña

Es claro que ya no debieran llamarnos la atención, ni menos ser tomados con seriedad, los actos y expresiones verbales, o, mejor dicho aún, desatinos, del octogenario que acompaña como ministro a P. Castillo desde el inicio de su probada ineficiente y presunta corrupta gestión, primero como ministro de Justicia y hoy como presidente del Consejo de Ministros. Digo octogenario para resaltar que no es la edad la que justifica una suerte de demencia o alienación mostrada día a día por A. Torres; considero que debe haber detrás una circunstancia discapacitante de origen neurológico o mental o, en su defecto, un intencional desparrame de torpezas como parte de un fingimiento que le dé una coartada para librarse de la presunta responsabilidad penal en que hasta el momento estaría incurso como autor y/o cómplice de delitos en el ejercicio de la función pública como parte de una organización criminal.

Sin embargo, creo que no es posible acostumbrarse a tanta vileza dado que los actos arriba referidos son perpetrados en ocasión de actos oficiales, con el uso de fondos públicos y rebotados y hasta ensalzados por prensa, mal llamada alternativa y realmente comprada con prebendas directas como avisaje estatal o indirectas como contrataciones en el aparato estatal a sus titulares o allegados.

No cabe acostumbrarse ni normalizar tremendos agravios, más aún si expresan apego y voluntad de emular a genocidas como Hitler, o van dirigidos contra pobladores (niños inclusive, como los que habitan en San Isidro y Miraflores, acusados de ser malvados y deformados moralmente) e instituciones fundamentales del país, como el Congreso de la República o la Fiscalía de la Nación. Peor aún si demuestran una inexcusable y punible tergiversación de normas constitucionales y legales vigentes por parte de quien integra un poder del Estado como el Poder Ejecutivo que está llamado a cumplir y hacer cumplir la normatividad constitucional y legal del país, incluso con el uso de la fuerza.

Los hechos y dichos que ha efectivizado el segundo de a bordo del gobierno el pasado jueves en el Congreso de la República merecen total rechazo ya que buscan mal usar la cuestión de confianza -prevista para defender políticas de gobierno- dirigiéndola a obtener la derogatoria, por supuesta inconstitucionalidad, de una Ley, la 31399, respecto a la cual el Poder Ejecutivo tiene planteada acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, pendiente de ser resuelta.

Confiamos que el Congreso de la República declare improcedente de plano el acto de fuerza disfrazado de cuestión de confianza.

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