A como van las cosas y las encuestas el problema mayor ya no es si la democracia ganará las elecciones, sino si la izquierda marxista respetará los resultados.
Las propuestas de Pedro Castillo hasta hoy se centran en una sola clave: el cambio de Constitución. Eso significaría el fin de la democracia liberal y el paradójico trastrocamiento definitivo del sentido de la república peruana en su bicentenario.
El ideólogo y patrón incuestionable de PL, Vladimir Cerrón, ha sido muy preciso al explicar que si llegan al gobierno será no para un mandato de cinco años y tampoco únicamente para tomar el Ejecutivo, sino para comenzar el proceso revolucionario. Es decir cambiar las estructuras fundamentales del Estado y convertir a nuestra patria en parte del proyecto bolivariano que, por su internacionalismo, niega la sobrevivencia de los Estados–Nación soberanos.
Eso podrían intentarlo por vía de la manipulación del sistema actual (insistencia en dos Gabinetes ministeriales baloteados por el Congreso hasta disolver al Parlamento) o mediante la insurrección abierta en aras del mandato “del pueblo”, sin filtro alguno salvo el de un partido único.
Como un proyecto de esa envergadura sería traumático, desde hace varias semanas los castillistas insisten en que están listos para reaccionar “contra el fraude”. Léase esto como desconocimiento por parte de ellos mismos de una derrota electoral o a manera de cuestionamiento con turbas en la calle de la forma como se conduzca el proceso de la segunda vuelta.
Ese llamado no tan velado a la violencia, sumado al hallazgo de varias caletas donde sólo en los alrededores de Lima se han encontrado miles de armas que los especialistas creen que pueden servir para una “asonada” de la izquierda, plantea un escenario tan volátil como en extremo peligroso.
Para los izquierdistas, en realidad, ganar o perder unas elecciones no es fundamental. Su prioridad es movilizar a las masas para “agudizar las contradicciones” y propiciar el estallido revolucionario.
Desconocer este principio ideológico y programático supondría no entender lo que realmente piensan los comunistas. De allí que hoy para los demócratas se nos plantea una impronta crucial: prepararnos para el día después, estar listos para enfrentar lo que pudiera venirse el 7 de junio después del triunfo de Keiko Fujimori. Por tanto desde hoy exijamos prudencia y prevención, pero también acumulemos la energía legal y militar para que aquí no haya situaciones tan graves como las que ahora atraviesa Colombia.

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