El Ejecutivo es tan débil que estoy segura de que Sagasti es intercambiable con cualquier miembro del Partido Morado, todos serían igual de timoratos e incompetentes, buscando sólo durar, aferrándose al poder que no alcanzarán a través de las urnas. Su consigna es salir por la puerta grande este próximo 28 de julio, aunque el país se encuentre sumergido en la más absoluta crispación y la convivencia haya devenido en insoportable. Hoy el gobierno es el fiel reflejo de la incapacidad de los sedicentes progresistas para entender el verdadero desarrollo, la libertad y la dignidad del hombre. Quieren que sucumbamos en sus doctrinas desfasadas, equívocas, en las que se acaba por ver a un enemigo en quien no piensa como tú.
En este doloroso escenario es inaceptable que Francisco Sagasti recién se haya pronunciado al quinto día y luego de dos personas fallecidas por los disturbios en la Panamericana, a los que no debe conocer ni por el nombre; pareciera que solo merecen laureles y homenajes, aquellos que derramaron su sangre para que él ocupe Palacio. Y sus palabras no fueron de cuestionamiento al Congreso por haber derogado la Ley de Promoción Agraria -sin el más mínimo análisis del impacto en los trabajadores del campo-, su mensaje convalidó el chantaje de la turba. Sagasti no es un líder, de lo contrario sabría bien que la riqueza y bienestar no se imponen por ley y que avalar esa derogatoria es un mensaje absolutamente hostil para la inversión privada, pisoteando la predictibilidad y la seguridad jurídica que ha permitido crecer al Perú los últimos 25 años.
Bloquear el acceso a Las Bambas se ha convertido en la protesta antiminera por excelencia, con la que Vizcarra contribuyó generando falsas expectativas. Valga recordar que luego de la entrega de credenciales a los nuevos gobernadores regionales, el propio Martín Vizcarra se comprometió a adelantar los recursos del canon minero, que determinaron las generosas transferencias presupuestales que sellaron la alianza indisoluble entre el Ejecutivo y las regiones. Las palabras de Mesía Guevara contra su correligionario Manuel Merino son un ejemplo irrefutable. Meses más tarde y exclusivamente respecto de Las Bambas, Vizcarra ofreció buscar un mecanismo para adelantar los recursos del canon, promesa incumplida que hoy nos pasa una gran factura. La comunidad de Challhuahuacho, en pie de guerra, exige que el proyecto renuncie a la depreciación acelerada y que anticipe el pago de la contribución minera, a pesar de no haber obtenido utilidades. Ningún respeto al marco jurídico que regula todo emprendimiento; el maltrato es permanente. Y así, el Minem confía que se cristalizará la cartera de 48 nuevos proyectos por US$58,000 millones que anuncian desde hace años.
En el Perú estamos viviendo una farsa. No hay nada más lejano de la democracia que multitudes violentas e incitadas por activistas gobiernen un país. Como bien decía el historiador Isaiah Berlin, el ideal democrático puede convertirse en una odiosa forma de opresión, si los gobernantes no están sujetos a la autoridad de un Poder Judicial independiente, las críticas de una prensa libre y las iniciativas (pacíficas) de la ciudadanía.