La reciente elevación de la proyección del FMI sobre nuestro PBI para el 2018, de 3.7% a 4.1%, confirma la consolidación de nuestra recuperación para este año y el siguiente. Sería imperdonable que esta tendencia favorable para el país se vea conjurada por un injustificable ruido político que afectaría aún más a la institucionalidad.

La proyección del FMI concuerda con lo reportado por el BCR en su Informe de la Encuesta Mensual de Expectativas Macroeconómicas de Setiembre 2018. En efecto, según dicho informe, las expectativas de crecimiento de los agentes económicos para el PBI a 12 meses se mantuvieron en 4%. Así tenemos, que el rango de crecimiento esperado para el 2018 está entre 3.5% y 3.8%, y para el 2019 se espera un crecimiento de entre 3.9% y 4%.

Esto explica la recuperación de indicadores del rubro situación actual, en particular los referidos a ventas, producción y demanda con respecto a lo esperado. Con ello, se destaca que la mayoría de indicadores se mantienen en el tramo optimista.

De este modo, habiendo ingresado el país en fase de recuperación económica con proyecciones de crecimiento que nos llevarían al umbral del PBI potencial, hoy deberíamos estar abocados íntegramente a impulsar los motores del crecimiento sin distraernos en nada que nos aleje de esta misión.

Sin embargo, este escenario que está asimilando los efectos favorables de la inversión pública prevista en el plan de reconstrucción que se está realizando con el concurso del sector privado, se vería seriamente golpeado si se agravan las tensiones en el campo político.

Por ello, hoy se hace más necesario lograr un acuerdo entre las fuerzas políticas enfocado en garantizar la estabilidad política y el clima propicio para el impulso de las inversiones, dejando que las instituciones funcionen sin interferencias.

Asimismo, se necesita asegurar por parte de los actores políticos el respeto irrestricto a la independencia de poderes como factor fundamental para el fortalecimiento de la institucionalidad.

Mantener la estabilidad política implica descartar el ruido político que impide gobernar además de afectar las expectativas de los agentes económicos. Y dinamizar la economía pasa básicamente por preservar la confianza de los agentes económicos.

Los problemas del país, su recuperación y avance hacia el progreso nos conciernen a todos. La población no nos perdonará si desperdiciamos esta nueva oportunidad para fortalecer nuestra economía.