La ONPE ha terminado de hacer el cómputo de los votos consignados en las actas de sufragio, que no han sido materia de impugnaciones, observaciones, nulidades, en general de los votos sin cuestionamientos, y el resultado de dicho conteo muestra una diferencia entre los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori, quienes compitieron en la segunda vuelta del 6 de junio, en únicamente 44,058 votos.

¿Sobre cuántos votos cuestionados tendrán que decidir los Jurados Electorales Especiales en primera instancia y, de ser el caso, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en segunda vuelta? La respuesta es misterio de barrio chino. Por lo menos el autor de esta columna lo desconoce.

En muchísimas circunscripciones del país ha habido notorio ausentismo, que puede ser por múltiples razones, como por ejemplo en caso de enfermedad que impida el desplazamiento, lo que estaría justificado, aunque hemos visto en la prensa que han concurrido a votar miles de miles de personas de la tercera edad y también enfermos que han asistido en silla de ruedas, y algunos hasta portando balón de oxígeno, lo que es encomiable y demuestra notable responsabilidad cívica.

Otros no han concurrido a la mesa de sufragio porque por edad no tenían obligación de hacerlo, pero una cosa es la responsabilidad legal y otra la cívica, cuando el Perú en la segunda vuelta se estaba jugando su destino. Algunos otros estaban en el extranjero o en otras ciudades del país distintas del lugar del domicilio y no pudieron regresar para ejercer su derecho y a la vez obligación electoral, pero hay otros que viajaron al extranjero hasta el día previo a las elecciones, pudiendo haber postergado su viaje, lo cual es imperdonable.

Si analizamos los resultados de seis distritos de Lima, en que se suponía tendría una votación importante la candidata de Fuerza Popular, como son Barranco, Miraflores, San Isidro, Surco, San Borja y La Molina, dicha candidata en cifras gruesas y para abajo ha tenido respectivamente el 79%, 84%, 88%, 82%, 83% y 78% de los votos. Si esos porcentajes, redondeados al 70%, 80% 80% 80%, 80% y 70% se aplicasen a los electores ausentes y redondeando la cifra hacia abajo y a miles de electores, esa candidata hubiese tenido 157,000 votos.

Los 157,000 votos a los que nos referimos son más que tres veces la diferencia de 44,058 votos existentes entre los candidatos que contrastaron posiciones en la segunda vuelta. Si un tercio de los ausentes de esos distritos hubiese votado, ya se habrían declarado los resultados, no sería necesario hacer trabajar a las autoridades electorales a marcha forzada, la Bolsa de Valores no hubiese tenido resultados negativos, el cambio entre el dólar americano y el sol seguiría siendo el mismo, las propiedades inmuebles no hubiesen perdido valor, la confianza en el Perú no se hubiere deteriorado, las ganas de invertir en el Perú no habrían decaído, con lo cual se recuperaría la demanda laboral y, por último, nuestra calificación de riesgo en el sistema crediticio internacional no hubiese disminuido.

¡Qué irresponsabilidad!

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