En medio de la terrible emergencia sanitaria, social y económica que vivimos, con lamentables muertes incluso de personas de mediana edad y sin comorbilidades, dos temas han llamado la atención durante la semana que acaba de pasar.
Un tema llamativo ha sido, sin duda, el hecho de que en el Congreso de la República la bancada morada haya impulsado -logrando incluso el acompañamiento de personas de otros grupos políticos- una moción exhortando al Poder Ejecutivo, cuya jefatura está encargada a un conspicuo congresista morado, hoy con licencia precisamente para cumplir tal encargatura de funciones. ¿El motivo de la exhortación?: que se asignen los fondos necesarios para que la llamada Beca Continuidad, en favor de alumnos que cursan estudios superiores en universidades públicas o privadas para que puedan seguir gozando de la ayuda económica necesaria y no se vean obligados a truncar dichos estudios.
Sin duda una medida loable y necesaria, pero ¿por qué una moción?, ¿acaso los congresistas morados pretenden dar a entender que ellos no participan en el gobierno que impusieron desde el Congreso?, ¿por ventura no han sido los morados castigados por el voto popular, el 11 de abril último, debido a su ineficiente gestión ya cercana a cumplir seis meses?, ¿es correcto pensar que bastará una moción para poner en línea con las reales urgencias (esta vez de jóvenes en riesgo de abandonar sus estudios por razones económicas) a un gobierno que en diciembre último destinó 10.5 millones de dólares al PNUD para celebrar el Bicentenario?, ¿celebrar mientras día a día hay centenares de peruanos que no estarán en el próximo mes de julio? Es evidente que la auto exhortación morada no tiene ningún sentido.
El segundo tema se refiere al llamado “Juramento por la Democracia”, proclama redactada por dos ongs que llamaremos benignamente caviares o progres, una incluso un conglomerado de ongs defensoras de procesados por terrorismo y abiertamente pro aborto. Ellas, junto a dos instituciones confesionales, una que reúne a iglesias evangélicas y cristianas peruanas y la otra que agrupa a los obispos católicos del Perú.
Se ha exigido y logrado que los dos candidatos que participan en la segunda vuelta electoral firmen la proclama. ¡Ay de ellos si no lo hicieran!
Leída la proclama con ojos de persona creyente, veo que la proclama está llena de generalidades, nada de llamar las cosas por su nombre, como hubiera sido, por ejemplo, No al Aborto; No al marxismo ateo y materialista generador de odio de clases y negador de las libertades humanas.
¡Valiosa oportunidad desaprovechada!

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