De cal

De cal

El presidente de la República se presentó con look renovado en la Asamblea General de la ONU. Con saco y corbata leyó un guion preparado por Manuel Rodríguez Cuadros y Landa. Un despropósito total porque lo que dijo o anunció no les trae ningún beneficio a los intereses del Perú. Primero fue su falta de tino. Mientras en Londres se acababa de enterrar a la reina Isabel II, Castillo enfiló sus baterías contra el Reino Unido por el caso de las Islas Malvinas. Esto sin que en este momento exista alguna crisis en curso entre Gran Bretaña y Argentina y sin que este último país se lo haya pedido. En una palabra, fue una declaración gratuita y sin ningún sentido. Como el Perú siempre ha tenido esa posición, era absolutamente innecesario manifestarla a santo de nada. Luego, anunció la instalación de una embajada en Palestina. ¿Dónde? ¿En qué ciudad? Una incógnita salvo que sea en las ruinas de la franja de Gaza. ¿Qué gana el Perú estableciendo relaciones diplomáticas con un Estado fallido o seudo Estado como Palestina?¿Cuánto será su intercambio comercial o cultural? Cero. ¿Y cómo quedan nuestras relaciones con el Estado de Israel? Mal. También Castillo avalado por Landa y Rodríguez Cuadros se animó a reconocer a una república fantasma Saharaui, seudo Estado títere de Argelia, malogrando nuestras relaciones diplomáticas importantes con el Estado marroquí cuyo peso en el norte de África es una realidad. ¿Qué gana el Perú? Nada.

Finalmente, y tal vez lo más grave para la seguridad del Perú, fue pronunciarse expresamente contra Rusia en su guerra contra Ucrania. Es cierto que la opinión pública mundial de la que forma parte el Perú como nación occidental repudia el acto de agresión de Putin contra Ucrania. Pero el hecho es que la matriz de nuestro armamento es ruso. Esto, por lo tanto, debió pesar más que cualquier otra consideración y lo mínimo que debió hacerse en ese caso es guardar silencio. Ya el Perú se había pronunciado a través de la cancillería para que las partes resuelvan su conflicto de forma pacífica según lo manda la Carta de las Naciones Unidas. ¿No era suficiente? En síntesis, un desastre completo de la diplomacia peruana liderada por Rodríguez Cuadros y Landa. Pero el Congreso no se queda atrás. Celebrando su bicentenario se ha abocado a discutir proyectos de leyes con inaceptables nombres propios. La primera es la que busca por todos los medios bajar la valla de la vacancia para despachar a Castillo a su casa. Una leguleyada por donde se le mire que sólo confirma que la única agenda del Congreso es la vacancia presidencial de lo que la población va tomando nota. Otro despropósito propuesto por el congresista Anderson es la “ley Antauro”. Con ella se pretende cerrarle el camino electoral vetando a todo aquel que haya cometido asesinato o secuestro. ¡Bajo esa óptica, Petro jamás hubiera podido ser presidente de Colombia! Lo cierto, lo concreto y lo real es que ninguno de estos candados con nombre propio detendrá la realidad. Un triste espectáculo de la “clase” política peruana.

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