La conferencia de prensa del miércoles pasado en la que el presidente Francisco Sagasti y su Gabinete intentaron explicar las medidas adoptadas para enfrentar la segunda ola del Covid fue un absoluto fracaso. Nunca antes un asunto de esta naturaleza había generado una opinión unánime, parecía que por unas horas la eterna polarización política nos había dado una tregua.

Los “emocionados” con Sagasti de apenas hace dos meses se declaraban decepcionados con aquel presidente que “no eligieron”, pero que los “emocionó” hasta las lágrimas en su discurso de asunción de mando ante el Congreso de la República, cuando terminó su alocución citando al vate Vallejo. ¡Que tiempos aquellos!

Pero más allá de memes e ingeniosos y elaborados tuits, lo cierto es que esa falencia en comunicar tiene arreglo y los medios de comunicación se han esmerado en hacer entendible lo que Sagasti y su Gabinete no pudieron explicar ante los periodistas. Sin embargo, hay asuntos más de fondo que parecieran no decepcionar a nadie, o al menos no vemos encendidas proclamas en las redes sociales.

Por ejemplo, ¿a nadie le decepciona que pese a los reiterados anuncios de Sagasti que renunciaría a integrar la plancha presidencial del Partido Morado, este siga figurando como vicepresidente?, ¿está esperando que el Jurado declare la fórmula oleada y sacramentada para recién irse o espera mas bien una exclusión a su candidatura?

Parece que la decepción tampoco alcanza para reclamar por la nacionalidad costarricense del Presidente de la República del Perú. Es cierto que no es ilegal, pero ¿se acuerdan de los airados reclamos a Pedro Pablo Kuczynski por su nacionalidad estadounidense?, pero a Sagasti… ni con el pétalo de una rosa. Un conveniente silencio siempre resulta mejor que incomodar al Señor Presidente con ese asunto.

Y a “los decepcionados” se les acabó el saldo para tuitear sobre el Ministro del Interior, José Élice, quien a fines de diciembre pasado asumió la responsabilidad política de los jóvenes muertos durante el paro agrario y su disposición a dejar el cargo; pero que en su última presentación ante la Comisión Permanente del Congreso sostuvo: “responsabilidad política no significa, ni aquí ni en ninguna parte del mundo, que tenga que renunciar”.

Élice puede darse el lujo de proclamarse responsable político de las muertes durante las marchas por el paro agrario, y a la vez decir sin desparpajo que por eso no debe renunciar; con la seguridad que nada le va a pasar.

Muchos “decepcionados” de escritorio, pero lo cierto es que este gobierno de transición no solo resulta una triste continuidad de la gestión de Martín Vizcarra, sino que aún no hace un deslinde claro de su partido que compite en las elecciones y tampoco nos asegura que estas se realizarán el 9 de abril. En este caso concreto, las palabras valen más que mil gestos.