El Perú está entrando a una crisis terminal en la cual debemos señalar a los culpables con ira justificada.
Sagasti, presidente impuesto por los golpistas de noviembre, está actuando contra la vida de los peruanos. Sus poses de intelectual fatuo han dado paso al ser repugnante que privilegia la ideología marxista por encima de las urgencias del pueblo. Desde los lujos palaciegos, donde derrocha en banalidades como los ‘cupcakes’, se atreve a decir “No queremos que el que tiene plata se vacune y el que no la tiene no se vacune”. Se opone a que el sector privado compre las vacunas contra la covid, pese a que las empresas, AFP, EPS, etc., podrían atender la urgencia de millones de trabajadores con costos módicos.

Nos han tendido un cerco innoble, el Estado nos está estafando, por ejemplo, con las vacunas de Sinopharm, porque mientras las de otras marcas fluctúan entre 5 y 30 dólares por dosis, las chinas cuestan unos 72 dólares.

La miserable izquierda que nos gobierna se ratifica con expresiones repudiables. “¿Por tener la suerte de estar empleado, tener un empleo formal, ese tiene más derecho que una persona que está trabajando informalmente?

Desde el punto de vista de equidad, desde el punto de vista de no discriminación, lo que tiene que hacerse es un padrón universal. Esa es la filosofía en general”, dice Sagasti.

Puro maniqueísmo. El pobre tipo, que jamás debió dejar su trabajo de burócrata internacional, no entiende que si el sector privado participara de la vacunación de manera directa, un 30% de trabajadores formales se beneficiarían de inmediato, con un efecto multiplicador familiar de 3 X 1, así alrededor de un tercio de peruanos no tendrían que padecer la ineficiencia gubernamental.

Salvar vidas no es privilegio, es obligación moral; cumplir un rol subsidiario del Estado está contemplado en la economía social de mercado que nos rige.

Lo mismo pasa con el oxígeno, con la compra de concentradores, camas UCI, pago de bonos a los médicos y todo aquello que se requiere con máxima urgencia sabiendo que la verdadera cifra de fallecidos por covid sobrepasa los 130 mil.

Sagasti no solo es inepto para la presidencia y cómplice de la corrupción en el caso Vacunagate, sino que es parte de la corriente de izquierda internacional que declara la vacuna como “bien público”. Posición retrógrada y criminal contra la que debemos militar con energía y convicción.