El psicólogo Karl Albrecht se refiere a cinco miedos: la muerte, el encierro, la soledad, la mutilación y la vergüenza. Cuando llegas a los cuarenta el tema se reduce a la muerte y más si una pandemia te persigue y las redes se convierten en obituarios. Le corremos a la idea y envidiamos a los perros, que no saben que morirán. Leía una entrevista a Isabel Allende: “Me di cuenta en algún momento de que uno viene al mundo a perderlo todo. Mientras más uno vive, más pierde. Vas perdiendo a tus padres (…), los lugares y tus propias facultades. No se puede vivir con temor, porque te hace imaginar lo que todavía no ha pasado y sufres el doble. Hay que (…) tratar de gozar lo que tenemos y vivir en el presente”.

Lo saben los ingleses, que en plena pandemia abren los pubs, hoteles, peluquerías, cines y museos y salen eufóricos, sin distancias y sin mascarillas. Observamos las fotos e indagamos por qué en una sociedad bien informada, el peligro se convierte en nimiedad. El relajo, el goce, son una celebración a la vida y la inconciencia. Se juntan, se grita, se baila y el rito orgiástico sobreviene como una protesta ante la tiranía del terror. Cada uno entiende el miedo a su modo. Mi abuela evadía la página de defunciones de un diario, como hoy los ingleses evaden paradójicamente el cálculo de probabilidades de contagiarse por medio del placer que los expone.

Con el tiempo algunos miedos se tornan prescindibles, la desvergüenza asoma alrededor de los cuarenta. No nos explicamos entonces la aversión del adolescente a ser ridiculizado. Como en la pandemia, no nos explicamos todos esos miedos que nos privaron de la vida cuando ella era una fiesta sin peligro. ¿Qué te llevas de la pandemia? Porque si no has aprendido nada, has perdido el tiempo como a los cuarenta. ¿El significado de la muerte acaso? Ella puede ser tan banal hoy como escandalosa ayer. ¿La estupidez de haber temido a tanto cuando los miedos eran infundados? ¿Qué el temor se diluye con el heroísmo? ¿No llevarías a un niño de la calle a un hospital pese al riesgo? Ser “el guardián entre el centeno” y cuidar de todos tiene su ventaja, lo sabía Salinger. ¿No será que si abrazas una causa por la que darías tu vida, esa sería tu respuesta al final de todo?