Cuando cursaba los últimos ciclos de mi carrera universitaria, fuera de las preocupaciones propias de los estudios, empezaba a ver dónde iba a hacer mis prácticas profesionales. Recuerdo mucho esa sensación de ansiedad por ver si finalmente había sido elegido. Pude conseguir buenas prácticas preprofesionales, inclusive de ser contratado a tiempo completo poco antes de culminar mis estudios, todo empezaba a encaminarse para mí desde el inicio.
No pasó ni un año de haberme sentido “ya encaminado” y al ver cómo personas de mi entorno crecían de manera acelerada trabajando en algo de ellos, donde ellos ponían las reglas, las metas, los límites y todo lo que a mí me era impuesto, decidí cambiar mi línea de carrera por la carrera de hacer empresa.

El cambio al inicio estuvo lleno de emoción, pensaba que rápidamente lograría el tipo de vida que veía de quienes se dedicaban a lo suyo, estaba enfocado en esa realidad de no tener un horario, de tener ingresos crecientes mes a mes, de decidir qué cargo diría en mi tarjeta de presentación (pasé de analista a gerente general en un mes), es decir, estaba enfocado en todo aquello que yo veía de quienes hacían vida empresarial. Fue muy poco el tiempo que pasó para que reaccionara ante la realidad de que el empresario no tiene horario, porque trabaja la gran mayoría del día, que así como un mes puede ganar el doble, otros meses puede ganar menos de la mitad (o inclusive nada), que sin importar lo que diga en tu tarjeta, en el dia a dia eres portero, asistente, vendedor, transportista, jefe, gerente, operador y todo lo necesario para que tu negocio funcione.

Pasar de recibir un sueldo a generarte tu propio ingreso es una decisión muy difícil, cada situación tiene sus propios retos, riesgos y beneficios, lo que debemos tener claro es que, mientras como trabajadores de una empresa realizamos un grupo de funciones para llegar a un resultado en conjunto con los demás, al ser empresario tú te vuelves responsable de todo lo que ocurre para llegar al resultado, si en el tiempo contratas a un equipo para crecer, tú sigues siendo responsable de los resultados y esa responsabilidad es la que demanda toda nuestra dedicación y enfoque. Pasaríamos de un mundo donde casi todo está hecho a una realidad donde todo está por hacer.

El ser empresario es un estilo de vida, lleno de beneficios muy importantes, pero para llegar a ello hay mucho sacrificio y sobretodo, si venimos del mundo dependiente, hay mucho por “desaprender”, mientras más pensemos fuera de la caja, mientras más nuevos sean los caminos a recorrer, mejores chances tendremos de alcanzar el éxito empresarial. Si quieren dar el salto, ¡adelante! Pero sepan que es un camino de mucho esfuerzo y sacrificio. Una excelente semana para todos.