Mientras la candidata, Keiko Fujimori, persigue al otro candidato Pedro Castillo para exigirle que acepte debatir y confrontar los planes de gobierno de ambos, bajo las reglas que señale el Jurado Nacional de Elecciones, el líder de Perú Libre se rehúye hacerlo y, por el contrario, se ha dedicado a maquillar sus propuestas iniciales y a él mismo, de modo que ahora se nos hace difícil a quién escuchar, si al rondero de las primeras bravuconadas, o al nuevo que dice no ser comunista y menos integrar el Movadef, brazo político de Sendero Luminoso.
Estar informados de lo que piensan hacer cualquiera de los candidatos en la eventualidad que lleguen al gobierno, es una necesidad ciudadana y una obligación de ambos líderes políticos proporcionarlo. Es un derecho del pueblo exigirlo, puesto que estamos a solo un mes del día en que habremos de elegir a uno de ellos, pero obviamente debemos estar informados de lo que nos proponen. En el caso de la señora Fujimori el mensaje es más abierto, lineal y transparente desde el primer día. Ella ofrece respetar la institucionalidad democrática, fortaleciendo a sus instituciones más representativas, aportando ideas que beneficien a la población, como es el caso de la entrega directa del canon minero.
La duda y el temor existen en los predios políticos del candidato Castillo. En las semanas iniciales de esta segunda ronda electoral en las que él se mostraba ante el pueblo con mayor transparencia y sinceridad, fuimos notificados de lo que pensaba hacer, una vez aupado en el gobierno. Anunció que acabará con la actual Constitución por considerarla un trasto que ya no sirve, para cambiarla por una nueva que surja de una Asamblea Constituyente, cuya composición no la explica aun de manera clara. Dijo, además, que cerraría el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo y pisará fuerte en los terrenos del Poder Judicial y el Ministerio Público bajo una nueva filosofía marxista de entender la justicia, esta vez, como expresión del pueblo organizado, según señaló
Sin embargo, el candidato de Perú Libre, apareció esta semana con un nuevo discurso, notoriamente suavizado, con fines proselitistas que no asusten al gran electorado. Incluso firmó un nuevo compromiso político al anunciar su alianza con Juntos por el Perú, movimiento que lidera Verónika Mendoza, candidata derrotada en la primera elección. Allí Castillo dijo que respetará el marco jurídico vigente, ya no desactivará ni al Tribunal Constitucional, ni a la Defensoría del Pueblo, entre otras importantes instituciones; es decir, no hará nada de lo que dijo inicialmente. Ese es el tema. Ese cambio de discurso obliga más todavía a la necesidad de los debates electorales que la candidata Fujimori reclama y el profesor Castillo prefiere no pronunciarse, porque así, al escucharlos, podremos sacar nuestras propias conclusiones.
Tenemos que permanecer alertas frente a las improvisaciones. Los planes y programas de gobierno son propuestas como consecuencia de procesos de estudio y análisis de equipos de trabajo y de larga maduración. No son documentos que pueden ser elaborados de un día para otro o ser modificados según por dónde corra el viento. Eso es oportunismo electorero que hace daño al país. Tenemos que ser exigentes en reclamar esas propuestas antes de elegir. En dichas propuestas se ven la seriedad y rigor de lo que se ofrece. Y esos programas tienen que ser expuestos en debates libres y democráticos de cara al electorado. No es un capricho reclamarlo, es una necesidad. Conocerlos de antemano nos permitirá a los ciudadanos optar por el que creemos lo mejor para el país, para la población y para la democracia que la debemos cuidar frente a cualquier tipo de amenaza autoritaria o dictatorial. Ingresamos pues al momento de las definiciones. Nos encontramos en la hora crucial de nuestra vida republicana.

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