Debemos prepararnos incluso para una guerra civil

Debemos prepararnos incluso para una guerra civil

Cerrón, Vásquez y Mendoza han sido precisos al advertir que si la nueva ley refuerza el mandato constitucional (Art. 206) respecto a que no puede haber una Constituyente sin autorización previa del Congreso, entonces se “apertura” (sic) la vía violenta.

Los marxistas creen que los liberales impiden la democracia directa, lo cual es falso porque los referendos sí están permitidos para modificar materias civiles, pero no para cambiar la estructura del Estado salvo que lo permita el Parlamento; cuestión que se estableció como candado en el texto del 93 para darle estabilidad jurídica al país. Para los rojos, además, rigen dos premisas: la clásica respecto a que “el poder nace del fusil”; y la maoísta que sostiene que “salvo el poder todo es ilusión”.

En esta conjunción de ignorancia jurídica deliberada y de dogmatismo está el peligro. Perú Libre llegó al poder de casualidad pero con un ideario unificado de todas las izquierdas, desde la senderista y emerretista hasta la progre y la gramsciana cultural. El pivote central es que el Perú deje de ser república soberana unitaria y se convierta en una entidad plurinacional sometida al partido único del socialismo del siglo XXI.

Ensimismados en la corrupción y la incapacidad de Castillo las fuerzas democráticas han relegado a un segundo plano la lucha contra ese objetivo central del comunismo. Solo Lucas Ghersi ha tenido el empuje para recolectar un millón y medio de firmas para cerrar legalmente cualquier resquicio jurídico por el que la izquierda pueda meterse a modificar nuestra esencia de país. Del otro lado, Guillermo Bermejo sigue avanzando para conseguir apoyo de incautos y colectivos rojos; y, además, el Gobierno planea jaquear a la democracia el segundo semestre de este año.

Está copando toda la administración pública con sus esbirros; ya ha infiltrado a un sector de la Policía y de las FF.AA., ha fortalecido su alianza con el narcoterrorismo, acaba de nombrar a senderistas como prefectos (con lo cual tiene control territorial) y se apresta a imponer en octubre a alcaldes y gobernadores mediante elecciones que no serán limpias si no se cambia al JNE, la ONPE y el Reniec.

Así, debemos prepararnos para lo peor, inclusive para una guerra civil. Enfrentamos al comunismo, no a una simple montonera. Hoy la única forma de impedir que terminemos desangrándonos es lo obvio: sacar cuanto antes a Castillo de la presidencia y devolver el orden democrático al Perú.

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