Si algo me aterra es que un gobernante quiera pensar por mí y hacerme creer que todos debemos ser iguales. Nacemos diferentes y toda la vida lo seremos. Desde el primer día que estamos sobre el planeta nos forman para competir; los padres competirán con otros padres para marcar la diferencia entre sus hijos; desde quién es más bonito hasta quién llora menos por las noches o come más. Luego los padres, buscarán ponerlo en el mejor colegio que puedan, y también querrán que sus hijos tengan mejores notas que otros. Es decir, desde que el ser humano nace empieza a competir. La naturaleza de la competencia es la que nos hace diferentes en el aspecto económico y social.

Todos buscaremos ser mejores que otros. La competencia es lo que caracteriza a la libertad; libertad de pensar, libertad para ser mejor que otros y libertad de crecer económicamente para poder vivir mejor. Nadie compite para ser peor sino mejor.

Ahora bien, los políticos populistas o socialistas son perversos cuando quieren hacer creer a los que menos tienen que por una ley, decreto o cambiando la Constitución sus vidas pueden cambiar. Nos ofrecen libertad absoluta y cuando están en el poder se enquistan en él como ha sucedido en Cuba o Venezuela, y empezarán quitando la libertad de expresión, entre otros derechos individuales. Pregonan igualdad, cuando los socialistas, usando un discurso populista, saben que eso no existe y hacen creer que quitándole al rico para dárselo al pobre se conseguirá la igualdad; y nos dicen ser fraternos cuando ellos son los que radicalizan los discursos para generar odios entre las personas; si no, veamos las redes sociales.

Una cosa es que nos quieran hacer creer que debemos ser iguales y otra es que debamos estar mejor. La igualdad desincentiva el esfuerzo y la competencia. La igualdad no te hace crecer mental ni económicamente. La igualdad te lleva al conformismo y a la vagancia.

Si queremos generar riqueza y tener una sociedad justa debemos rechazar la retórica “facilonga”y mentirosa del populismo. Los gobiernos deben propiciar la competencia para que el país esté mejor. La “igualdad” en el socialismo genera cúpulas y distanciamiento entre ellos y la población; la cúpula será la rica y los pobres estarán a la espera de dádivas y subsidios que generan sólo el conformismo.

Un Estado que piense por todos es funesto para el crecimiento individual e indigno para la especie humana.