La era de oro de la izquierda fue con el dictador Velasco Alvarado. Aquel patrón que pretendió liquidar la riqueza de agricultores, mineros, industriales, etc. Sin embargo, Dios se lo llevó pronto, evitando que se quedase décadas como dictador. No obstante, algunos de sus admiradores todavía ocupan posiciones expectantes, manteniendo el concepto sesentero de su superioridad. Esa superioridad que transpira el izquierdista ante quien no lo es. Aunque las urnas digan todo lo contrario. Ahora último, frente a su falta de apoyo popular la zurda empujó al resto del Congreso a remover al corrompido Vizcarra. ¡El Frente Amplio del curita Arana presentó la moción correspondiente! ¿La estrategia? Utilizar de polichinela al parlamentario Merino, a la sazón presidente del Legislativo, para, producida la vacancia del ladrón, gritar “Golpe” -vía la prensa a la cual antes tanto reprobaran, y que hoy les sirve de parlante- tomando las calles en son de guerra para amedrentar a la siempre cobardona derecha y conseguir su objetivo: la presidencia de la República, imponiendo a un socialconfuso caviar como mandatario.

El caviar, como ayer precisaba Luis Miguel Cangalaya en Contra Poder –suplemento dominical que edita EXPRESO-, “distingue” y permite tomar diferentes posiciones. Por ejemplo, en la década de los ochenta se le conocía en Francia como “gauche caviar” a quien “no se comprometía totalmente con lo que predicaba. Es decir se trataba de una izquierda que se identificaba con ideas a favor de los desvalidos, pero con la mirada desde una posición de privilegio (…) como diría Hamlet, el caviar no siempre encaja en el vulgo.” Esta estirpe hipócrita, amable lector, es la que ahora manda en nuestro país pese a haber sido contundentemente derrotada por los votos. Su habilidad estriba en ubicarse detrás de los rojos, inclusive los terroristas -CVR, LUM, etc.- usándolos de escudo para avanzar en la captura del poder, con un mensaje buenista dirigido “a las minorías olvidadas”. De manera tal que, conservando una posición de privilegio social, económico, etc., destaque como la “mejor opción” frente a una ciudadanía ineducada e intoxicada por una prensa desinformadora manejada por esa misma “gauche caviar”.

Hay quienes entre los izquierdosos -antaño velasquistas, hogaño sagastistas- sindican a EXPRESO de anarquista por defender –con ideas y argumentos; no con piedras ni violencia como actúan los rojos- un credo en las antípodas de esa izquierda que se ha apropiado del Perú, sin haber sido formalmente electa. La característica intransigencia del socialismo –a través de su vertiente comunista o también vía la “gauche caviar”- no permite que otros manifiesten puntos de vista contrarios a lo que ellos dictaminan. Ese dogmatismo existe en el ADN del socialismo criollo. Y las consecuencias han dado pie al anarquismo que últimamente desataron las izquierdas de todo pelaje. Ocurrió en la asonada que montaron para deshacerse de Merino e imponer a Sagasti. Después, las secuelas de la renuncia de Merino –reiteramos, trampa sembrada por las izquierdas- quedarían reflejadas en la violenta sedición agraria –toma de carreteras incluida- que concluiría anulando una extraordinaria ley para el agro.