La “real politik” consiste hoy en el Perú en pleitos internos al interior de partidos políticos en los cuales las discrepancias se suscitan por ambiciones personales y no por discrepancias programáticas o ideológicas o la inefable presencia de “vientres de alquiler” listos para reclutar candidatos al vaivén de “plata como cancha” o , por sí mismos, creados con esa conducente efectividad al servicio de los intereses de sus financiadores.

Y este triste espectáculo lo estamos viendo el día de hoy con la preocupación de quienes percibimos estas características de la política criolla como causas fundamentales de la degradación de la misma. Tenemos que cambiar este orden de cosas desde sus raíces más profundas si queremos real y efectivamente la transformación que el Perú necesita.

Esta corrupción solo es posible por la complicidad manifiesta de actores externos que lo apoyan y lo sostienen al servicio de sus propios intereses que representan al erario nacional un forado anual de 25 mil millones de soles en perjuicio de todos los peruanos.

Frente a ello, es poco o nada lo que el burocrático y frondoso sistema electoral peruano ha hecho o puede hacer en el marco de un excesivo reglamentarismo que, contradictoriamente, atenta contra la libre participación democrática que predica y, por el contrario, promueve la plutocracia política a través de multas excesivas y de interpretaciones restrictivas.

Si pensamos en positivo, la pretensión de los teóricos que han manejado la legislación electoral en los últimos años es mejorar a través de normas legales un sistema político corrupto e ineficiente promoviendo la democracia interna: en la práctica, han complicado todo para no resolver nada.

La defensa de principios y no de intereses no es hoy una de las características, ni mucho menos, de la política peruana. Todo lo contrario, dentro de un marco legal muchas veces ininteligible hasta para los expertos bien se puede aplicar el dicho de que a río revuelto ganancia de pescadores.

La batalla tenemos que librarla contra viento y marea para que, en un futuro inmediato, la conciencia colectiva del Perú reaccione y empiece a poner las cosas en su sitio.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz (cl)