Al Congreso no le corresponde poner ministros. Los ministros son exclusiva potestad del presidente. Por lo tanto, visto en perspectiva, el Congreso no tiene ningún fundamento de derecho para exigirle al presidente que cambie a tal o cual ministro que al hemiciclo no le gusta por las razones que fuere. Desde el punto de vista político, la cosa cambia, sin embargo. El Congreso o, mejor dicho, la oposición dentro de él quiere hacerle la vida imposible al gobierno.

Si ayer fueron Maraví y Bellido, hoy son Barranzuela y Carlos Alfonso Gallardo. Mañana, si el gobierno los deja irán por más. Digo esto no como una posición política, sino como un simple análisis: cuando un depredador huele sangre, no se calmará, sino que irá por su próxima pieza. Visto así, a eso es a lo que juega la oposición en el Congreso.

Mal haría entonces el gobierno del presidente Castillo en sacrificar sus piezas cada vez que hay una chilla, campaña mediática o amenazas de interpelación y censura, sobre todo antes de que la misma presidente del Consejo de Ministros se haya presentado al Congreso para solicitar el voto de confianza.

La oposición quiere que los citados ministros renuncien o sean despachados antes de que este formulismo constitucional se produzca. Si no, amenazan con no darle el voto de confianza a Mirtha Vásquez. Esto da la razón al gobierno en la percepción de que el Congreso quiere hacer uso y abuso de la censura y la interpelación, desarmando el voto de confianza cuyo proyecto de interpretación auténtica ha sido observado por el Ejecutivo.

Más allá de que Barranzuela represente la cuota de poder de Cerrón y compañía, y Gallardo la del Fenate/Conare/Movadef, desde un punto de vista estrictamente político, si Castillo los deja caer le habrán pisado el poncho por el resto de su mandato. En ese caso, el estatequieto a Cerrón no habría servido de nada porque la oposición en el Congreso lo tendrá a él, durante cinco años, de estatequieto en estatequieto.

Esa es la estrategia política de la oposición. La de Castillo debe ser buscar consensos internos y externos, abortando el tema de la constituyente que es el factor desestabilizador de su gobierno Por lo pronto, el dólar ha bajado por debajo de los cuatro S/ ni bien expectorado Bellido y asumido el cargo por alguien de apenas mejores formas y espíritu dialogante. Que la señora Vásquez no haya armado el gabinete y que alegue consensos para tal fin, es una triquiñuela de la oposición, pues en todos los gobiernos el primer ministro no trae ni propone a sus ministros, sino que el paquete lo arma el mismo presidente. Como se dice, la oposición quiere hacer una novela de la constitución.

También he escuchado para mi sorpresa, como si no hubiera existido nunca Maquiavelo, que este gobierno de la señora Vásquez es “amoral” porque le han impuesto dos ministros impresentables, lo que nos retrotrae a la situación anterior. Para comenzar la moral nada tiene que ver con la política, que tiene sus propias reglas. El Vaticano podría dar perfectamente fe de ello. Y, en segundo lugar, ni por asomo estamos en la situación anterior, es decir, en la de la era Bellido.

Y esto se demuestra simplemente porque los agentes económicos y sus instrumentos como el dólar han respondido favorablemente a la propuesta presidencial de un nuevo gabinete, Barranzuela y Gallardo incluidos. Por lo tanto, y confiado en que no existen los votos para una negación de confianza del gabinete Vásquez, porque el Congreso saldría desprestigiado y percibido como obstruccionista, el gabinete debe hacer cuestión de confianza con Barranzuela y Gallardo en sus respectivas carteras.

El primero tendrá que dar muestras inmediatas de que está al mando y haciendo algo. La inseguridad ciudadana le ofrece una excelente oportunidad para ganarse a la población que ya está harta de cacos y fechorías. En Lima la erradicación de la coca a nadie le importa porque medio mundo la consume. En cuanto a Gallardo, ese sí que tendrá problemas para hacerse de un activo, porque de las arengas callejeras y sindicales no pasa, además que la educación en manos de Sendero es un peligro mayúsculo. Pero Pedro Castillo y él están hechos de la harina del mismo costal. O sea que, si se va uno, se iría el otro, tarde o temprano. Menudo dilema para ellos.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.