Me preguntaban sobre el temor a la muerte. La pandemia nos volvió a ese tema, tan sensible a algunos que padecemos de esa crisis respiratoria imaginaria (ansiedad), que con la covid-19 soplando en la espalda se convirtió en una amenaza real.

“Uno teme morir porque la muerte es un escándalo”. A la repregunta, asumí que tememos a la muerte por un probable infierno. Nadie está seguro, no lo estuvo Hamlet mientras decidía si daba fin a su existencia… aunque quizás las penurias sean mayores allá. Criados fuimos en la culpa católica, sabedores de lo lejos de la santidad. Me preguntaron si era, acaso, el temor al fuego inmortal. Recordé aquella enorme pintura en la basílica de mi escuela primaria, hombres quemándose, torturados a látigos. Tenía diez años cuando el cuadro se impregnó en mi retina para siempre.

No satisfechos, querían ir a la raíz de mi temor. Quién no ha sido presa de enfermedades o de accidentes y no la ha visto cerca. Yo sí. Quizás asalta primero el horror, pero dadas las cosas por hechas, llega la resignación. De haber sabido hace siete años que mi padre corría peligro de morir, me hubiera desgarrado y, presa de la preocupación, hubiera hecho lo que fuera… pero me avisaron de su muerte cuando esta ya era un hecho y no una posibilidad. Al escuchar la noticia me ganó la resignación. Quizás tengamos tanto de estoicos como de epicúreos y resistir es solo una forma de restarle a la vida.

Procuramos no pensar en la muerte y envidiamos la suerte de los animales, que no saben que morirán. Eludimos el tema y hasta experimentamos la catarsis que define la tragedia en la poética aristotélica. Así nos purificamos, pero nada nos libra del temor porque la idea de la vida como la del “bien perdido” es la de una consumación irreparable. Sin embargo, nada es más intolerable para los otros que el temor, el temor es objeto de risa, al temeroso se le repele, no se le abraza ni se le comprende. Al niño se le reprende cuando llora, peor al adulto. Infeliz frase de Aixa a su hijo Boabdil al perder la Alhambra para los reyes católicos: “Lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

El derecho al temor, el derecho de equivocarse, llorar, el derecho a la torpeza, a hacerla de bobo en ocasiones… el derecho de ser simplemente humanos.