El discurso comunista es tóxico inclusive para quien lo utiliza, como el sindicalista magisterial Pedro Castillo y sus seguidores quienes han pasado de exhibir trapos rojos y lápices a blandir machetes por Lima, como si fuera la quinta calle del bananal. Y no, el machete no es una herramienta de trabajo ni parte de la identidad de un rondero, como canta al unísono el rojo coro antifujimorista; mucho menos cuando hace apenas días el periodista Beto Ortiz propaló el audio de Edwar “Husain” Quiroga, de Inkarri Islam, diciendo que sacará “machete para cortar cabezas” y que si la votación resulta favorable para Keiko Fujimori se encargará de generar violencia. Quiroga es operador de Irán en los países andinos y respalda a Castillo; es un converso al islamismo chiita; admirador del castro-chavismo; anti Israel y cercano al movimiento etnocacerista de Antauro Humala, es decir un mejunje ideológico novoandino. Desde 2011 impulsa la “confección de una nueva Constitución Política del Perú Plurinacional”.

Los machetes visualizan el discurso de odio de Castillo contra la democracia liberal y las instituciones republicanas. Fue una de las principales armas usadas por Sendero Luminoso en la masacre de Lucanamarca (3 de abril de 1983) en la que sesenta terroristas realizaron un ataque despiadado a lo largo de Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua, Muylacruz, terminando su baño de sangre en el pueblo de Lucanamarca (Huancasancos, Ayacucho). La salvaje incursión senderista asesinó y mutiló al menos a 69 campesinos.

El comunismo solo sabe llegar al poder a través de la mentira, la trampa y el discurso de odio. Con mentira han hablado Pedro Castillo y su vicepresidenta Dina Boluarte; con trampa en mesa tratan de ganar y escupiendo odio intentan promover una extemporánea e innecesaria lucha de clases. El  discurso castillista impide el correcto funcionamiento de la sociedad democrática y amenaza los derechos humanos. Si la palabra crea la cosa es posible con ella incendiar la pradera, promover el vandalismo y actos que desemboquen en algún tipo de “crimen de odio”. Tanto el general (r) Jorge Montoya y el ex candidato Rafael “Porky” López Aliaga han recibido ya amenazas de muerte por sus opiniones contrarias al fraude electoral y al totalitarismo encarnado por los del lápiz.

Los comunistas peruanos se han consorciado por ahora para tratar de saborear una migaja del bizcocho del poder, pronto se sacarán los ojos como acostumbran. La gran prensa ciega los aúpa y empresarios imbéciles callan creyendo que pueden lograr alianzas con los recalcitrantes del machete y la pólvora. Frente al odio del lápiz y la presencia terrorista en el entorno de Castillo, está Keiko Fujimori, respaldada por millones de peruanos, dispuesta a llegar a la verdad en una elección en la que han “votado” hasta los muertos. La palabra de Keiko busca la unidad, la paz y ya despertó el patriotismo de todas las sangres.

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