El Perú multiempleo, mil oficios, chambeador trashumante y sin horario, es un segmento social interesantísimo. Sus versiones rural y urbana poseen singularidades extraordinarias que han merecido incluso estudios académicos internacionales, apalancando el crédito emprendedor de nuestra patria. Nadie como nosotros para el malabarismo laboral que convierte en aceptable el presupuesto de la familia.
Si profundizamos el tema, un ícono de este sector sería nada menos que el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien –como se sabe– llegó a sumar siete empleos simultáneos luego de su primer matrimonio. El más peculiar de ellos: fichar las viejas tumbas del cementerio Presbítero Maestro, por cada una de las cuales recibía el pago de un sol. Una bendición que su tarea de garante político no ingrese a este conteo.
En tiempos de elecciones, especialmente cuando las crisis económicas volcaban a muchas personas con estudios superiores hacia su práctica, el oficio de taxista poseía un plus invaluable: ser el más serio encuestador del ciudadano, el pulso correcto de la voluntad popular, el termómetro inequívoco del votante sin márgenes de error ni chanfainas tendenciosas.
Aunque había de todo (algunos taxistas tenían derecho al corazoncito partidario), la gran mayoría era de una honestidad incorruptible a la hora de hacer el balance de los sondeos al paso entre sus clientes. Sin tapujos, nos decían quién o quiénes de los (as) candidatos (as) merecían más aprobación. Los días previos al acto electoral, se intensificaba el servicio solo porque casi todos querían saber “qué dice el taxista”. Personaje entrañable, sin duda.
En estos días electorales del bicentenario con pandemia y una nueva crisis económica, ha surgido otro actor de la marginalidad laboral que ayuda con creces a descifrar las preferencias. Es el cambista, el portador de dólares y euros cuyo negocio consiste en aprovechar el diferencial de la compra y venta de monedas extranjeras, lo cual refleja también la solidez o no de la nuestra. Una disparada en el precio del dólar enciende tantas alertas que hasta el Banco Central de Reserva se ve obligado a intervenir para mediatizar su demanda.
Y desde hace dos semanas que se conocieron algunas encuestas con resultados no aptos para la dinámica económica del país (junto a otros factores exógenos, pero menos influyentes) vimos cómo el precio de la moneda estadounidense trepó a un valor exorbitante. Y estos últimos siete días, tras revelarse los últimos sondeos publicables donde los índices de riesgo político disminuían, ese precio descendió y así se mantuvo hasta el cierre de la jornada del viernes.
El mercado (ese que integramos todos los que trabajamos, producimos, cobramos un salario e intercambiamos bienes y servicios) también vota. Y el cambista es su más notable encuestador.

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