Al leer cualquier periódico, incluso los afectos al régimen, es fácil pensar que estamos en una de las más escabrosas series policiales de Netflix donde los delincuentes, los ‘capos’ son políticos o personas relacionadas con el poder.
‘Expreso’ publica ayer que Martín Vizcarra –aferrado al cargo con uñas y dientes a pesar de la catarata de denuncias y testimonios que lo involucran– pagó por adelantado S/3’000,000 por el alquiler de maquinaria para la

Municipalidad de Torata y no habría llegado ni una tuerca. Además, cuando fue ministro, entregó la licitación de la carretera Moquegua-Omate-Arequipa a su club, el de la Construcción, a Cosapi, hoy colaborador eficaz.

Son pocos los informes en la prensa afín al gobierno sobre el estado de las obras donde Vizcarra metió mano, como gobernador o como ministro, e inclusive como mandatario. Y cuando aparecen vemos irregularidades y proyectos inconclusos. Un desastre. Vizcarra es un incapaz, no puede administrar ni un kiosco.

Más imputaciones, todas sólidas: hubo ‘cutra’ en la compra de pruebas rápidas. El fiscal Reynaldo Abia, a cargo del caso, indica que Vizcarra se reunió con la ministra de Economía y otros altos funcionarios para decidir esa compra, la direccionaron. Muchos nos hemos preguntado hasta el cansancio por qué no se compraron pruebas moleculares, las únicas que detectan la enfermedad. En la corrupción está la respuesta.

El Jurado Nacional de Elecciones sentenció que Vizcarra está interfiriendo en los comicios. En febrero pasado declaró que apoyaría a candidatos afines a sus ideas. La cantidad de acusaciones y coimas que incriminan al gobernante supera cualquier récord. Nunca el Perú ha tenido un caso así. El Congreso no lo vaca porque es frágil, disperso, desarticulado y la mayoría de partidos solo son un cascarón.

Vizcarra logró que tengamos partidos de barro. Al desacreditar la política con psicosociales contra el Congreso, logró que la gente odie a los parlamentarios. A la mayoría de peruanos le importa un pimiento la Constitución y respaldan sin problema el golpe de Estado.

Son 24 organizaciones políticas en carrera electoral para el 2021. Habrá tres como máximo que tienen una estructura de partido cabal. El resto son logos comprados de acuerdo a la oferta y la demanda. Los principios, la ideología valen un cuerno. Los militantes son oportunistas que ingresan a la organización sabe dios por qué. Por compromiso con el país con seguridad no es.

Postular al Congreso es un albur, un azar. Son aventureros que se lanzan al ruedo. Cuando consigan la presidencia y las curules tendremos gobiernos precarios como el ‘pepekausa’ que fue una pesca que ‘ligó’. La corrupción campeó desde un inicio, se drogó a los medios, se encarceló a los opositores y se arruinó la economía. El próximo presidente recibirá un país en ruinas con ciudadanos que prefieren un corrupto en el poder a destituirlo.