La presidenta de IPAE, Elena Conterno (Intercorp), se lamenta que en el Congreso discutan una ley de tasas de crédito y Martín Naranjo de Asbanc precisa que la norma dejaría a la población más vulnerable en manos de los prestamistas informales que utilizan el mecanismo de cobranza del “gota a a gota” que pone la integridad física como garantía. Todavía está fresco que en las marchas de noviembre, ambos conformaron un aguerrido “piquete financiero” con Gianfranco Ferrari (BCP), Alfredo Pérez Gubbins (Alicorp) y Miguel Ucelli (Scotiabank), que lanzó el hashtag: #DePie por los Derechos Humanos. Aunque en línea con la Convención Americana sobre Derechos Humanos quizá, no repararon que el artículo 3 condena “la usura y cualquier otra forma de explotación humana por parte de otros hombres, que debe ser motivo de prohibición legal”. Dicho de otro modo, ahora podrían tuitear #DePieContraLaUsura.

De no mediar una severa contingencia, el Congreso aprobaría la ley contra la usura, que amplía los alcances del artículo 52 de la ley orgánica del BCR para que semestralmente fije topes máximos, tanto a las tasas de interés de los créditos como a las comisiones y cargos, porcentajes que viene publicando la SBS bajo la sigla de Tasa de Costo Efectivo Anual (TCEA).

La TCEA llega a alcanzar hasta el 150.7% para las tarjetas de crédito en cuotas, 89.76% en los créditos hipotecarios y 42.94% en los préstamos vehiculares (SBS); pero lo más grave del caso es que coexisten con una inflación anual de 2.14% (BCR). Si esto no es usura ¿qué otra cosa lo es?

Al interior del quinto piso del BCR, en Estudios Económicos, queda claro que esta distorsión se debe a que cuatro bancos: BCP, Scotiabank, BBVA e Interbank, ejercen un tetrapolio que controla el 85% del mercado de colocaciones. A propósito del “gota a gota” que menciona Asbanc; Shylock, el célebre usurero de la obra teatral “El Mercader de Venecia”, que exigía una libra de carne próxima al corazón del prestatario sino le devolvían el dinero, aceptó desistir de su sangrienta exigencia trocándola por recibir el doble de lo que le debían, es decir, el capital más una tasa de 100%.

Además, no es menos cierto, que los bancos vienen ignorando la Circular 021-BCR (5/6/2020), que ofrece una línea similar al programa empresarial Reactiva Perú, para que los hogares, al igual que las empresas, puedan reducir las altas tasas de sus deudas.

Cinco millones de hogares, cuya deuda asciende a S/118,000 millones (y 2.7 millones de pymes que deben S/56,000 millones) han venido cumpliendo con sacrificio sus cuotas, y sólo por intereses destinan mensualmente un promedio de S/ 800, pudiendo pagar la mitad, si es que las tasas de interés que cobran los bancos se rebajarán a estándares latinoamericanos.

Los hogares, que cuentan entre sus filas con 3 millones de desempleados (que incluye 35% de la PEA adecuadamente empleada), vienen prescindiendo de la educación privada, de entretenimiento y restringiendo la dieta a lo vital, sin embargo, este inmenso sacrificio para pagar tan altos intereses además retrae el consumo privado, que en el mes de setiembre se situó en -10% y que con este índice en negativo no hay manera de acelerar la reactivación.

Chacho Hidalgo