Keiko Fujimori es una de las principales culpables de la crisis política que no tiene fecha de caducidad. Luego de perder las elecciones del 2016 con Kuczynski por unos 40 mil votos, se encargó de petardear desde su Congreso “naranja” la gestión del exministro de Toledo hasta que consiguió, previo pacto con el inefable Vizcarra, hacerlo renunciar. En el camino, no dejó títere con cabeza y armó una celada contra su hermano Kenji, grabándolo subrepticiamente, con lo que se trajo abajo el indulto de su padre. Borracha de odio, Keiko sentó al lagarto Vizcarra en el sillón presidencial, quien, posteriormente, la traicionaría junto a Salaverry. A partir de ahí comenzaría su debacle, tocando fondo cuando fue enjaulada por sus odiadores de siempre: los caviares descocados. Pasaría injustamente poco más de un año en la cárcel, a pesar de que los aportes ilegales en el 2011 o 2016 no eran delito. Hoy, por cosas que solo pasan en el Perú como antes sucedió con Alan García en el 2006, hemos sido testigos de su redención y surge como la única opción para evitar que el Perú caiga en una dictadura comunista.
La candidata presidencial de Fuerza Popular se medirá en la segunda vuelta electoral el próximo 6 de junio con el filosenderista Pedro Castillo, de Perú Libre, quien ya ha anunciado que, de tomar Palacio de Gobierno, clausurará -si el pueblo se lo pide- el Parlamento y desactivará el TC. A su vez, ha adelantado que indultará a Antauro Humala, sentenciado por el asesinato a sangre fría de policías en el ‘Andahuaylazo’. Castillo no es neófito en política, pues, en el 2017, encabezó la huelga magisterial del Conare-Sute, una facción del sindicato de maestros que está vinculada al Movadef, brazo político de Sendero Luminoso según la PNP. Aquella vez, el cajamarquino, que exigía con desparpajo que los profesores no rindan evaluaciones de desempeño para ascender, provocó la caída de la trémula Marilú Martens.
Este personaje, ataviado con un sombrero de ala ancha y un látigo, ahora pretende capturar el Ejecutivo para aplicar su plan de gobierno estatista. Este documento -inspirado en Evo Morales y Rafael Correa, y elaborado por el chavista condenado por corrupto Vladimir Cerrón- propone la intervención del Estado en el mercado como empresario; además de la estatización de empresas de sectores mineros, gasíferos, petroleros, hidroenergéticos, comunicaciones, etc. Asimismo, plantea la creación de una nueva Constitución a través de una Asamblea Contituyente, así como la revisión de todos los tratados de libre comercio y la eliminación de las AFP. También, al igual que Alan 1, pretende dejar de pagar la deuda externa, lo que significaría que el país se vuelva un paria en el mundo, subsistiendo solo con recursos internos.
Entonces, expuesto lo anterior, si gana Pedro Castillo las elecciones, será el Perú un país parecido a Corea del Norte con toda su misoginia y antiderechos de minorías que ello implica. Corresponde, pues, deponer los odios y no repetir lo que hizo Keiko Fujimori en el 2016, y emitir un voto responsable para que las generaciones venideras puedan seguir viajando con la condición de turistas y no de refugiados.