Los profesionales del derecho debemos considerar como una obligación moral la promoción de los derechos humanos; el principal abuso de estos derechos -sin duda- es el abuso contra las mujeres y niñas, tema que no se aborda con la frecuencia debida y que se extiende en todo el planeta. Desde el punto de vista religioso, podría decir que se interpretan mal las sagradas escrituras, independientemente del credo, éstas han sido malinterpretadas por hombres que ocupan posiciones elevadas en las iglesias, sinagogas o mezquitas; interpretan las reglas asegurándose que la mujer quede relegada a un lugar secundario en comparación con los hombres ante los ojos de Dios. Este problema es muy serio y hay cierto temor para abordarlo; los cristianos, dentro de ellos los católicos, consideran que las mujeres deben desempeñar un papel secundario, subordinadas a los hombres, no pueden ser sacerdotes, diáconos o seminaristas; bajo esa lógica no se podría tratar a las mujeres igual que a los hombres y no se les debería pagar el mismo salario por el mismo trabajo hecho por un hombre.
Otro problema que se relaciona con los derechos de las mujeres o niñas es el tráfico de personas o esclavitud sexual; nuestro país no es ajeno a este problema, en este momento existen personas de sexo femenino que viven en servidumbre humana, algunas son vendidas como mercancía y terminan en los burdeles clandestinos; en nuestro país es penado el proxenetismo, mas no el consumo, algunos países han reducido el índice de prostitución y esclavitud sexual al procesar y sancionar a los clientes masculinos y han tenido mucho éxito, quizá esa sea una alternativa a tomar en cuenta por nuestras autoridades. En las universidades, la posibilidad de que una estudiante sea agredida sexualmente es muy alta, recientemente se ha hecho de público conocimiento el listado de casas de estudios donde no se ha brindado el trato debido a este tipo de agresiones, lo que nos hace pensar que las autoridades universitarias no están cuidando debidamente a las mujeres para protegerlas de este tipo de ataques, los estudios especializados exponen que la mayoría de estos actos son cometidos por agresores en serie. El abuso contra mujeres y niñas también se refleja en el salario, el mismo que no es igual al salario del hombre por igual trabajo, aunque la brecha se está reduciendo, todavía hay diferencias; si echamos una mirada a las principales empresas de nuestro país, ¿cuántas mujeres ocupan la presidencia del directorio o la gerencia general?; si ocupan esos cargos, es muy probable que ganen menos que sus pares varones.
Hay un problema mayor y que nos debe llamar la atención, se trata de la poca o nula importancia que nosotros los hombres le damos al tema de la violencia contra las mujeres, permanecemos en nuestra zona de confort, aceptando silenciosamente nuestro estatus privilegiado; durante mucho tiempo la mujer ha estado relegada y no hemos dicho ni hecho nada, los hombres hemos disfrutado de los mejores trabajos, acceso a la educación, participación en la vida política, dirección de instituciones públicas y privadas, haciéndonos de la vista gorda, sin mostrar interés alguno. Muchos hombres expresan que están en contra de la postergación contra las mujeres y niñas, pero siguen disfrutando de su situación conveniente; va a ser difícil conseguir que la mayoría de hombres que controlan el sistema universitario, los gobiernos, las religiones o las instituciones; debemos ser más categóricos al exigir la erradicación de la discriminación contra las mujeres y niñas de nuestro país y del mundo; las mujeres deben obtener que sus esposos se den cuenta de los abusos en la escuela, el trabajo o en la comunidad y que se deben preocupar por la protección de las mujeres de su familia.
¡Unámonos para defender a las mujeres y niñas del Perú y proteger sus derechos humanos!