En pleno siglo XXI mucha gente todavía viene actuando indiferente frente a las personas con alguna discapacidad o, lo que es peor, con aprensión; la infraestructura todavía no se adapta a las necesidades de estas personas, a pesar de ser una exigencia; algunos padres de familia no toleran que junto con sus hijos estudien otros niños con habilidades diferentes, consideran que deben acudir a centros especiales; ya en edad adulta, es muy difícil que estos ciudadanos se incorporen al mercado laboral. Pongámonos a pensar en cómo se debe sentir alguien a quien simplemente no se le acepta en un centro de estudios o de trabajo, y si es aceptado, se le da un trato diferente, con claras manifestaciones de discriminación o exclusión; el problema es más común de lo que se cree, sin embargo no se le brinda la debida atención, quienes son victimas de este trato hostil muchas veces deben recurrir a las autoridades para hacer valer sus derechos, que son los mismos que los derechos de los demás, teniendo en la mayoría de los casos que ejercer su propia defensa en la lucha contra la opinión de la gente, reclamando algo tan elemental como la igualdad.
Los colectivos de defensa de los derechos de la mujer o de las minorías por opción sexual muchas veces sirven de ejemplo para la organización de la comunidad de discapacitados, no solo por su capacidad para unirse y luchar por sus derechos, sino por la discusión de sus problemas y la discusión de las soluciones, cada vez es mayor el movimiento de lucha por los derechos de la persona con discapacidad; los gobiernos han tardado en emitir e implementar normas que protejan a este grupo de personas, hace pocas décadas no había rampas, el transporte público no era accesible, no existían baños apropiados en los lugares públicos, no había intérpretes de lenguaje de señas, subtítulos o audios descriptivos; todo esto está cambiando y cada vez es mayor la inspiración, el mundo entero reclama más normas que respondan a las necesidades de nuestros semejantes con habilidades diferentes; a nivel global, existen sendos tratados y acuerdos que protegen los derechos humanos de las personas con discapacidad, cada vez son más los países que se vienen adhiriendo a estos convenios, los políticos no solo deben preocuparse por ratificar o aprobar estas alianzas, también es necesario la implementación; las personas con discapacidad deben tener las mismas oportunidades de viajar, estudiar y trabajar en cualquier parte del mundo, como cualquier otra persona, para ello es necesario que los países tengan leyes homogéneas.
En el Perú profundo la situación es mucho más complicada, a la discapacidad se le suma la violencia, mayormente de los propios familiares y personas de su entorno; estos casos no son atendidos y menos resueltos; en Lima y las principales las ciudades, algunas personas con discapacidad son contratados por algunas empresas que buscan cumplir con la cuota obligatoria y evitar la sanción, pidiéndoles en ciertos casos que no asistan a trabajar porque realmente no son necesarias; al respecto, algo debe hacer el gobierno para corregir esta situación que no es otra cosa que discriminación, cruda y dura, y que debe ser combatida por todos nosotros como sociedad. La discapacidad es una suerte de familia a la que podríamos unirnos en cualquier momento de nuestra vida, nadie está libre de un accidente o de una lesión que lo ponga en una situación así, ya sea de forma temporal o definitiva, recién en ese momento vamos a tomar conciencia de las complicaciones que ello trae consigo. Es momento de desterrar la indiferencia, marcar la diferencia y defender la justicia, ¡ayudemos a cambiar el mundo, derribemos las barreras!