Los riesgos permanentemente afectan las intenciones de gobernados y gobernantes. Hace un año teníamos perspectivas y posibilidades de cambios y se estimaba desarrollo. Sin embargo la adversidad que inundó el mundo encontró a todos desprevenidos. No se estaba preparados; los gobernantes tuvieron que improvisar para evitar más muertes diarias. Afectó la prestación de trabajo de multitudes, los centros hospitalarios se saturaron, la economía devino en problemas, los educandos truncaron sus estudios, la administración pública incrementó sus deficiencias. Multitudes pretendieron reaccionar con el desorden inconsciente que extendieron el mal. Y cuando se consideró controlada la situación se anuncia nuevas y graves olas del virus. Podría considerarse que aún no estamos preparados para afrontar con eficiencia el mal.

Ante ello, gobernantes y gobernados, serena, consciente, disciplinada y organizadamente deben actuar, primero para ofrecer la salud y evitar que el mal se extienda más, consolidar la economía familiar y de la nación, encontrar formas de trabajo productivo de bienes y servicios asegurando la salud a las personas, que los alumnos no pierdan sus estudios, que cada persona sea responsable y acate las normas de seguridad para ellos mismos y la colectividad. Ello importa establecer medidas políticas y sociales radicales de prevención y hasta la imposición de sanciones reales a los indisciplinados sociales.

No es sólo desarrollar la producción organizada de bienes y servicios y que de nuestro país, sin descuidar el abastecimiento de productos para los mercados internos, incremente sus productos de exportación que son requeridos en los mercados internacionales. Necesitamos robustecer nuestra economía.

Es tiempo de trabajar para que la población tome conciencia que se tiene el deber de cumplir con llevar a cabo el proceso electoral. También de invocar la elección de personas con capacidad para superar el momento actual y realizar real y efectivamente el desarrollo de todas las regiones del país para el bienestar de la población y derrotar la pobreza. Tenemos la obligación colectiva, no sólo de castigar objetiva y realmente a los políticos corruptos ya conocidos, sino de luchar permanentemente contra los corruptores y corruptos de todas las esferas sociales, económicas y políticas. ¡Que las elecciones se lleven a cabo!

Las lecciones que nos va dejando la pandemia sean un desafío para que personas e instituciones públicas o privadas estén permanentemente preparadas y organizadas para prevenir todo tipo de desastres hasta de los que periódicamente se producen en el territorio peruano y afectan a miles de familias.