Uno de los primeros efectos de gran impacto en los sectores más vulnerables de nuestra población, durante los tres primeros meses de cuarentena, fue la caída del empleo en Lima Metropolitana en 55.1%, dejando en situación de desempleo a poco más de dos millones 600 mil personas. Ello comparado con un trimestre similar del 2019, según lo dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en el informe técnico Situación del Mercado Laboral en Lima Metropolitana elaborado con los resultados de la Encuesta Permanente de Empleo (EPE).

Contundente el impacto de una emergencia sanitaria para la que no estábamos preparados. Las personas salieron, después del desconcierto inicial y el esfuerzo por respetar las decisiones en los primeros días, a las calles, masivamente. Eran los mismos contingentes de trabajadores ambulantes o de trabajos precarios, a los que se sumaron, otros que tuvieron que cerrar sus pequeños talleres y negocios, que se vieron obligados a salir para buscar el “recurseo”, complicando el universo de la informalidad en las calles.

El Covid-19, con su letalidad mortal, sirvió para mostrarnos, como sociedad y país, con nuestras escasas fortalezas y más flaquezas, empezando por descubrirnos como personas. El egoísmo y a solidaridad se desplazaron en aquellos sectores en las que se expresan con más comodidad y pertinencia: el primero, en las clases sociales acostumbradas a mirar la vida desde sus ventanas, con alguna holgura que les impide comprender a cabalidad la otra realidad; el segundo, en los cordones humanos que rodean la ciudad, en los Pueblos Jóvenes que ganaron los cerros, debido a las sucesivas migraciones, en los cuales las “ollas comunes” tuvieron que salir para enfrentar el impacto y permitir que se sobreviva como se pueda.

Según en INEI en los tres primeros meses de cuarentena, más fueron los hombres que las mujeres quienes dejaron de trabajar, ya que la población ocupada masculina disminuyó a 53.6%, frente a la femenina, 56.9%. Por otra parte, los trabajadores asalariados se redujo en 49.6%. “La disminución ocurrió en todas las categorías de ocupación; registrándose la mayor disminución, entre los empleadores o patronos (-85.4%), seguido por los trabajadores familiares no remunerados-negocios familiares (-69.0%); trabajadores independientes o por cuenta propia (-59.4%) y los trabajadores asalariados (-49.6%), lo que equivale en cifras absolutas en 1 millón 488 mil personas”, refiere el INEI.

Otro dato importante que arroja la investigación de este organismo oficial es que la ocupación se redujo, principalmente, en empresas de 1 a 10 trabajadores. El empleo disminuyó en empresas a 1 a 10 trabajadores, seguido por aquellas de 11 a 50 trabajadores, mientras que en las empresas de 51 a más trabajadores, la caída fue menor. Ello explica la razón del repentino incremento de trabajadores informales, en su diversas variantes, por las calles de Lima, que a prensa da cuenta todos los días, generando preocupación en la lucha contra esta pandemia, debido a ser focos de infección por el alto volumen de contagio en estas poblaciones vulnerables, que es materialmente imposible guardar el distanciamiento personal y todos los protocolos recomendados por las autoridades.

Durante los meses que comentamos, la ocupación disminuyó, atendiendo las ramas de actividad, en construcción, principalmente. Aquí la disminución fue en el orden de 73.9% (277 mil 700 personas), seguido por manufactura en -64.2% (418 mil 800 personas), servicios -53.3% (1 millón 502 mil 400 personas) y Comercio en -47,7% (465 mil 600 personas). Según el INEI, finalmente, en Lima Metropolitana, la población adecuadamente empleada totalizó 1 millón 101 mil personas, lo cual arrojó que los hombres con empleo adecuado disminuyeron en 68.1% y las mujeres en 59.7%. Esta es la realidad actual. Dolorosa situación, cuyos efectos se están viendo en el corto plazo.

Juez Supremo