El viernes último, por un cómodo total de 73 votos a favor (necesitaba 66), ninguna abstención y 50 votos en contra, el primer gabinete ministerial del gobierno de P. Castillo obtuvo del Congreso de la República la confianza que el artículo 130° de la Constitución vigente ordena solicitar a todo Consejo de Ministros que inicia funciones; ello, luego de exponer y debatir la política general del Gobierno y las principales medidas que requiere su gestión.
El resultado, sin duda, sorprende, ya que pocos vaticinaban que el Gobierno obtendría la confianza, algunos especulando que sería mayor el rechazo o posiblemente la abstención.
Conocida la conformación del Consejo de Ministros, que recién se completó a dos días de inaugurado el Gobierno y no como es usual el mismo 28 de julio (juramentado, además, con cuentagotas: en la mañana del 29 el jefe del gabinete, cerca de la medianoche del mismo día, a minutos de un nuevo día, 16 ministros y al finalizar el día 30 las carteras de Economía y Finanzas y de Justicia) se documentaron y plantearon observaciones a la mayoría de sus integrantes, comenzando por el propio líder de ese órgano colegiado.
Las observaciones llegaban al cuestionamiento de su legitimidad, no solo por la idoneidad técnica de los convocados para ejercer las funciones del cargo, sino por sus antecedentes y condición jurídica respecto de graves delitos como terrorismo, apología del terrorismo, pertenencia al Movadef -sucedáneo de Sendero Luminoso- y hasta violencia familiar y otros. La salida nada menos que del Canciller por esos cuestionamientos, apenas significó un remedio parcial.
En este lapso, pese a que el gabinete ministerial y cada ministro no necesitan recibir la confianza del Congreso para iniciar su labor, ya que desde que juramentan están aptos para ejercer el cargo y ser remunerados por ello, no se han visto actos de gobierno trascendentes para la conjura de la crisis económica, social y sanitaria, sin duda encontrada al inaugurarse el Gobierno. Peor aún, la sola presencia de los nuevos gobernantes y lo gaseoso de la exposición del primer ministro, han causado agravamiento de esa crisis.
Aplaudo la posición principista y consistente de las bancadas de Fuerza Popular, Avanza País y Renovación Popular de negar la confianza y los votos similares de tres congresistas de otras bancadas que contradijeron su corriente interna.
No tiene el gobierno de P. Castillo excusa alguna para cubrir a futuro su lamentable poco auspicioso comienzo.
Toca a las fuerzas mayoritarias no marxistas ni claudicantes del país, estar atentas para defender al Perú.

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