El cuco de turno en esta elección es Verónika Mendoza. La estrategia es levantarla para espantar al electorado y definir una segunda vuelta entre ella y el elegido, donde este sea el mal menor.

Revisemos. Ya está claro que la estrategia de los financistas de esta operación ha relegado al Morado, a Urresti y a Salaverry, y parece haber elegido a Forsyth.

Y ahora estamos ante la ofensiva de las dos hermanas. Luego de Datum la semana pasada, financiada por Peru21, hoy domingo publica su encuesta Ipsos, financiada por El Comercio. Los dos diarios y las dos encuestadoras trabajan para el mismo grupo mediático.

Escribo esto sin conocer el resultado de la encuesta de Ipsos, pero sospecho que el elegido probablemente obtendrá en ella hoy más puntos que en la de Datum, pocos días atrás. Esto está destinado a crear en la opinión publica la percepción de que el elegido sigue subiendo.

Este estofado en la olla de la cocina es más viejo que el hambre. Pero la estrategia es cada vez más sofisticada. En apariencia, el elegido no las tendrá todas consigo. Está previsto que sea rebasado por el enemigo.

La receta es la siguiente, entonces, repasando: se elige al favorito, se posiciona cerca de él a quien inspira el mayor temor en el electorado, este sobrepasa al elegido creando la percepción momentánea de que la victoria del enemigo es inminente.

Una vez en la recta final, sin embargo, e inmediatamente antes de la primera vuelta, el elegido, que se halla segundo, comienza a acercarse rápidamente al enemigo en la punta.

Faltando metros para la meta, en la útima encuesta, el elegido le arrebata la punta y gana. O, mejor aún, pierde por puesta de nariz. Pasan entonces a la segunda vuelta el enemigo y el elegido, pero convertido este ya en el mal menor  universal.
Evidentemente, la segunda vuelta está escrita de antemano.

Para establecer si este escenario es verosímil, basta un pequeño análisis comparativo de las encuestas en la recta final de la primera vuelta en las últimas dos elecciones.

Es hora de destapar la olla. Este es el guión con que se lleva de la nariz al electorado. El resto es ruido.