Destrucción impune de nuestra selva…

Destrucción impune de nuestra selva…

Los Wampis, al igual que las otras comunidades nativas como los Awajún y los Aguarunas, cuyo hábitat se ubica en la zona norte del país a partir del río Marañón hacia la frontera con el Ecuador, sirviendo como elementos que facilitan su ubicación, los ríos Cenepa, Santiago y Morona, los cuales discurren desde la frontera hacia el río Marañón, son descendientes de los Jíbaros, grandes guerreros famosos por reducir las cabezas de los cadáveres de sus enemigos.

Hace pocos días los periódicos dieron cuenta de la presencia en la capital de los representantes de la nación Wampi, quienes exigían la inmediata destrucción de las dragas de extracción de oro en la vertiente del río Santiago y el desarrollo de cultivos alternativos para evitar la contaminación irremediable de sus ríos y la subsecuente deforestación, la cual se acelera por la alianza entre mineros ilegales y madereros que también actúan ilegalmente.
Acusan a sus autoridades de actuar en connivencia con las mafias de ilegalidad pretendiendo disfrazar su inacción invocando un defectuoso marco normativo y la falta de presupuesto y de la logística necesaria, pero dando a entender que lo que se oculta detrás de estas explicaciones es una gigantesca corrupción porque entre la minería ilegal, la tala ilegal y el narcotráfico se forjan inmensos volúmenes de poder económico que, incluso, están provocando la división entre los mismos nativos.

Ante esa indiferencia estatal, los representantes Wampis amenazan con desatar otro “baguazo” que, entendemos, estará dirigido contra sus autoridades, cuyo primer indicio de verosimilitud es la reciente captura de una embarcación con mineros ilegales presuntamente protegidos por elementos de la policía a los que prometen retener hasta que no se atienda su demanda.

Este problema no es reciente pues indagando nos hemos encontrado con que en el 2016 los Wampis se movilizaron por el mismo motivo denunciando la existencia de 30 dragas, en cuya oportunidad hubo una reacción estatal luego de la cual el campo quedó otra vez en manos de los ilegales.

El problema es la falta de definición estatal. La minería en la ribera de nuestros ríos no puede ser informal pues por la contaminación sobreviniente, el envenenamiento de la fauna acuática y terrestre porque todos los animales van a beber de ríos y quebradas y la vergonzosa deforestación (como el caso de Madre de Dios) obligan a definir como minería ilegal a toda actividad que con esa finalidad se desarrolle en nuestra Selva o a orillas de nuestros ríos y quebradas, para, así, disponer la interdicción con la misma concepción de la lucha contra el narcotráfico a cargo de fuerzas combinadas de la PNP y la Marina de Guerra del Perú a las cuales el Estado debe dotar de aviones tipo Tucano y lanchas rápidas para la defensa efectiva de nuestro medio ambiente.

Llama la atención que los anti mineros no digan nada, ¡claro!, los mineros ilegales no pueden ser extorsionados como la minería formal porque sus sicarios no hablan, disparan.

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