Queridos hermanos, celebramos hoy el Bautismo del Señor. La Primera Lectura que nos da la Iglesia, es del profeta Isaías, dice: “Mirad a mi siervo, en quien me sostengo en quien me apoyo, a quien he elegido”, ¿Quién es este siervo? Es el siervo de Yahveh, que carga con los pecados de los hombres, que carga con nuestros pecados y nos lleva sobre sus hombros, para darnos la vida eterna a todos, y hablando de este siervo afirma “he puesto mi Espíritu, y traerá el derecho a las naciones, no gritará, no clamará, no hará violencia. Que importante en la Iglesia es no hacer violencia. “…Trae la paz la caña cascada no la quebrará, y traerá el derecho”, hoy, nos orientamos todos hacia la injusticia y la justicia, el derecho que trae Jesús, es cargar con los pecados de los hombres, y este derecho del siervo de Yahveh, no vacila, ni se quiebra, es el diseño que Dios ha hecho, para los cristianos, para esto te he formado, te he hecho y para que abras los ojos, a los que están ciegos y a los cautivos que están esclavos del Faraón, de la dictadura interna, librarles de esta prisión, y de las mazmorras de los que habitan las tinieblas.

En la Primera Lectura, viene el Señor a abrir los ojos de los ciegos, y a los cautivos darles la liberación. Todos estamos esclavos de nuestros pecados, de nuestras manías, de nuestros juicios, y estas mazmorras que nos oprimen y que nos llevan a las tinieblas, Dios viene a iluminarlas, ¿cómo? A través de la palabra de Dios, a través de los sacramentos, nos quiere dar su Espíritu Santo, para que tengamos dentro de nosotros, el ser hijos de Dios, tener la naturaleza de Dios, para poder amar, por eso como dice San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, es lo más grande que ha traído Jesús, ha abierto un camino, y ha dejado el cielo abierto. Hoy aparentemente lo tenemos cerrado, por el consumismo, por la técnica, por el bienestar, y no hermanos, el cielo no es ese, el cielo es tener el cielo abierto y abandonarnos a Dios por el Espíritu Santo, experimentar el Espíritu Santo.

Por eso hermanos respondemos ¿quién nos ha liberado? ¡Jesús de Nazaret! respondemos con el Salmo 28: “El señor bendice a su pueblo con la paz”, es este siervo de Yahveh, que considera al otro superior a sí mismo, por eso decimos en este salmo: “cantamos, gloria en nombre del Señor, la voz del Señor sobres las aguas es potente y es magnífica”, gloria, por eso ánimo hermanos, que este es el diseño que Dios ha hecho para nosotros.

En la Segunda Lectura es del libro de los Hechos de los Apóstoles, donde nos dice Pedro, Dios no hace distinciones, no hace acepción de personas, a todos nos ama por igual y paso Jesús haciendo el bien, curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él, nosotros hermanos, que estamos oprimidos por el Diablo, que enseguida nos dividimos, eso significa la palabra diablo, Dios nos quiere librar de esta opresión en Jesucristo. Por eso cantamos en el Aleluya: “se abrió el Cielo”, el inicio de la muerte la cual estamos viviendo, Dios abre el cielo y ¿qué dice? Este es mi hijo escuchadlo, hermanos, ¿cómo escuchamos a Jesús? A través de la palabra de Dios, por eso nos invita el Señor, a retornar otra vez a la parroquia, a la Iglesia, a la misa, a los sacramentos, para recibir a Jesús.

En el Evangelio que es del evangelio de San Marcos, Juan el Bautista dice: “detrás de mí, viene uno más grande que yo; yo os he bautizado con agua, pero el que viene detrás de mí con el Espíritu Santo”. Pues bien hermanos, este Espíritu Santo que hemos dicho, este Espíritu que trae Jesús, profetizado por el profeta Isaías, Dios nos lo ha dejado en la Iglesia, por eso podremos hacer obras muy grandes, apoyados y haciendo la voluntad del Espíritu Santo, y dice que apenas salió Jesús del agua, vio rasgarse el cielo y el espíritu bajar hacia él como una paloma, por eso hermanos, la Iglesia anuncia la paz, ¿y qué es la paz? ¡Es tener el Espíritu Santo! ¿Y qué decía esta voz? Se oyó una voz del cielo que decía: Tú eres mi hijo, mi predilecto, escuchadle. Pues bien hermanos, que Dios nos conceda escuchar a Jesús, a través de su palabra y ponerlo en práctica, a través de los sacramentos.
La bendición de Dios este con todos ustedes.

Mons. José Luis del Palacio-Obispo emérito del Callao